MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 330 MARZO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
Fuente: imagen tomada del Senado de la República
En un panorama de incertidumbre que había crecido por la politización de la salud, la polarización extrema en el Legislativo y las dificultades para debatir y exponer ideas, estas elecciones plantearon escenarios que, según la correlación de fuerzas que se presentó en el Congreso, podrían llevar al sistema de salud a superar —o no— el momento actual.
Si bien en la agenda política vigente, la salud es un punto decisivo, independientemente de cómo queden las justas, hay desafíos ineludibles que el nuevo Congreso tendrá en torno a temas como la reforma al sistema, el desfinanciamiento, la crisis del talento humano y el desabastecimiento de medicamentos.
Antes de las elecciones legislativas, el Congreso nos planteaba posibles escenarios sobre el rumbo del sistema de salud, según Juan Eduardo Guerrero, quien preside la Asociación Nacional de Salud Pública.
El primer escenario contempló que el Gobierno actual tuviera mayorías en el Congreso, lo que facilitaría sacar adelante las reformas previstas. “Habría un ambiente más cercano, menos agresivo, y sería el espacio para escuchar propuestas en el plano legislativo. Se podría anticipar una reforma coherente frente a un debate que hasta el momento no se ha podido dar”, señaló Guerrero.
El segundo, suponía un Congreso dividido entre Gobierno y oposición, lo que conduciría a un sistema híbrido: permanecerían EPS con reservas patrimoniales y posiblemente se crearía una EPS grande que reuniera a los usuarios de la Nueva EPS. “La población tendría la opción de elegir una EPS del sector privado en ciudades capitales y el sector público podría fortalecerse en ciudades intermedias y zonas rurales”, explicó.
El tercer escenario, considerado “el más complejo”, era que existiera una recomposición de las fuerzas tradicionales y que el Congreso quedara como estaba, pero más fortalecido, De presentarse, las EPS continuarían con el problema de su financiamiento por deudas previas. “Pasaría lo mismo que han tenido que hacer gobiernos anteriores: optar por leyes de punto final para poder refinanciar el sistema”, lo cual implica una reforma tributaria para financiar la deuda.
Para Guerrero, cualquiera de los tres escenarios conlleva, sí o sí, cambios en los que el Congreso de la República tiene que demostrar de qué está hecho.
Vale resaltar que, tras las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026, el Congreso colombiano quedó sin mayorías absolutas, con una bancada oficialista más numerosa, pero con una oposición fortalecida que mantiene un papel decisivo. En el Senado, la coalición del presidente logró el mayor número de escaños, seguida por la principal fuerza opositora y los partidos tradicionales, aunque ninguna fuerza política podrá aprobar iniciativas sin tejer alianzas estratégicas. En la Cámara de Representantes, el equilibrio de fuerzas también obliga a construir consensos para avanzar en reformas o decisiones clave.
Con relación a todo el panorama legislativo y las necesidades del sector, Guerrero analizó algunos retos: “El sistema de salud puede viabilizarse, pero hay dos dificultades: buscar rentabilidad financiera en el sistema, que ha demostrado ser inviable, y la tiranía de la corrupción y la desviación de los recursos, que, si no se corrige, seguirá causando la pérdida del 20 % de los recursos”.
Los ajustes que se necesitarían empezarían por cambios en los modelos de contratación y revisar qué no está funcionando, para recomponer la forma de gestión de los recursos financieros, humanos y tecnológicos.
Antes de conocerse los resultados, el doctor Augusto Galán, director de Así Vamos en Salud (AVS), proyectaba que el Congreso replicaría un escenario similar al observado durante los últimos cuatro años.
“Si tuviéramos partidos políticos más organizados, con una visión y una plataforma ideológica claras, con una democracia interna dentro de ellos que permitiera vocerías que respondieran a esa visión, uno entendería mejor hacia dónde van”.
Agregó que la forma como se ejerce la política en Colombia y se eligen hoy los parlamentarios, a través de avales y listas abiertas, “parecería indicar que algunos de ellos no responden a la plataforma ideológica de su partido, sino a posiciones individuales y de conveniencia; muy parecido a lo que hemos vivido con el relacionamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo, supeditado a intereses y no a propuestas programáticas, salvo excepciones”.
Uno de los desafíos que vienen para Galán es que el Congreso entienda que una de sus grandes funciones es hacer seguimiento a las leyes aprobadas, ejercer control sobre su ejecución y revisar dicha ejecución. También, llamar al Ejecutivo a responder por muchas de las leyes del sector salud que no se han terminado de reglamentar.
“Entendiendo lo que ya existe dentro de nuestro ordenamiento, hay que revisar cuáles son las reformas legales que se necesitan, en términos de financiamiento y operativos, que realmente complementen lo que ya tenemos y no que cada cuatro años estemos pensando en que hay que hacer una reforma estructural, con discusiones que nos distraen de la necesidad de tener una ejecución y una gestión administrativa más adecuadas”.
Para AVS, de este nuevo Congreso se espera equilibrio normativo, “porque vivimos en permanente inestabilidad, con una serie de interpretaciones que se hacen de la norma no solo para su regulación, sino para su vigilancia y control”, lo que complejiza la gestión operativa de todos los actores del sistema.
Para el doctor Gustavo Campillo, vocero de la Fundación RASA, dependiendo de la correlación de fuerzas existentes, habría dos escenarios con el nuevo Congreso.
Previo a las elecciones, se estimaba que, en el primer escenario, si las fuerzas mayoritarias apoyaban la continuidad del Gobierno, su intención sería continuar con la línea de la reforma propuesta, “lo que significa estatizar el sistema de salud y derivar en ello una responsabilidad en actores que, desafortunadamente, no tienen ni la infraestructura ni la capacidad”.
En el segundo, si las fuerzas tienden hacia la oposición actual, habría una reforma en la que se conserve la participación de actores privados y se pueda garantizar una mejor respuesta del sistema.
En cualquier escenario, frente a la crisis que vive hoy el sistema, Campillo sostiene que es necesario pasar por un proceso de cambio progresivo, iniciando por un saneamiento del sistema financiero, luego una reconstrucción del modelo de salud y, finalmente, la estabilización del sistema que se proponga.
Para el líder de RASA, el nuevo Congreso afrontará el desafío que implica articular a los actores del sistema de salud. “Conversar y encontrar soluciones desde el marco legislativo que propendan por la garantía del derecho no es fácil, pero tienen que hacerlo; no hay otra alternativa”, advierte.
“Ojalá se articule un Congreso renovado, incluyente, con conocimiento, que escuche y trabaje de la mano con las organizaciones de la sociedad civil”, sostiene la presidenta de la Fundación Cornelia de Lange Colombia (CdLs) y miembro del Observatorio Interinstitucional de Enfermedades Huérfanas, la doctora Joana Mendivelso.
La experiencia de los últimos años para la población con enfermedades huérfanas ha puesto en entredicho logros como la Ley 1392 de 2010, la política de cuidado establecida en el Conpes 4143 de 2023 y la Ley 2297 de 2023, que dio vida a la figura de los cuidadores. Aunque estas normas representan avances en derechos y acompañamiento, su reglamentación incompleta y la implementación desigual en los territorios muestran que su efectividad depende de la composición del Congreso.
Tras las elecciones, la falta de mayorías absolutas obliga a construir consensos, por lo que la ejecución de estas políticas podría avanzar de manera gradual, depender de acuerdos entre el oficialismo, la oposición y los partidos tradicionales, o enfrentar retrasos si no se logran consensos suficientes, afectando la cobertura y el acceso para los pacientes y sus cuidadores.
En el Congreso, a pesar de presentar iniciativas y contar con el acompañamiento de algunas voces, no han logrado tener eco. Necesitan congresistas dispuestos a conocer la realidad de esta población, entender qué suple realmente sus necesidades, que muchas veces superan la entrega de medicamentos y se enfocan más en el manejo administrativo que brinda el sistema.
Más allá de cómo se comporten las elecciones, lo que esperan las organizaciones en torno a las enfermedades huérfanas es que el cambio de Congreso brinde acciones afirmativas para que no sigan muriendo pacientes, ya que la posibilidad de morir a corta edad es mucho más prevalente cuando se tiene una enfermedad huérfana.
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