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Menos camas para los más vulnerables: la reducción de servicios neonatales y pediátricos

Autor
Por: Yenny Escobar Álvarez
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Durante los últimos años, el sistema de salud colombiano ha enfrentado una reducción progresiva en la capacidad instalada para atender a recién nacidos y niños. El cierre de unidades y camas neonatales en hospitales y clínicas se ha convertido en una señal de alerta para pediatras, sociedades médicas y autoridades sanitarias, que advierten sobre el riesgo de deterioro en la atención maternoinfantil.

Aunque el país ya presenta un déficit estructural de camas pediátricas, obstétricas y neonatales, el número de servicios disponibles continúa disminuyendo. De acuerdo con estimaciones del sector hospitalario, Colombia cuenta con poco más de 17.000 camas destinadas a la atención pediátrica y neonatal. Sin embargo, según estándares de la Organización Mundial de la Salud, Colombia debería contar con cerca de 30.000 camas hospitalarias (2,5 por cada 1.000 habitantes), lo que evidencia un déficit superior a 13.000. Aunque este estándar se aplica a la población general, la escasez de camas impacta de manera directa la atención neonatal, ya que la disponibilidad de unidades de cuidado especial y camas de mediana y alta complejidad condiciona la capacidad de los hospitales para atender recién nacidos con complicaciones. En la práctica, este déficit puede generar demoras en la hospitalización y dificultades para garantizar atención oportuna, afectando la cobertura y calidad de los servicios para los neonatos más vulnerables.

Aunque no existe un consolidado público único que integre todos los cierres de unidades pediátricas y neonatales, distintos reportes de gremios médicos y decisiones recientes de instituciones hospitalarias en varias ciudades sugieren una tendencia de reducción en estos servicios.

Para los especialistas, este tipo de decisiones no responde a hechos aislados, sino a una tendencia que se ha venido consolidando en el país desde hace más de una década.

Vale recordar que a inicios de 2025, la Sociedad Colombiana de Cirugía Pediátrica – Capítulo Cundinamarca elevó una alerta urgente ante la crisis que atraviesa el sistema de salud en Colombia, la cual —según el gremio— está afectando de manera crítica la atención pediátrica y materna en el país. A través de una carta dirigida a UNICEF, el gremio médico solicitó una intervención para mitigar los efectos negativos sobre la salud de niños y madres gestantes, cuyos derechos fundamentales podrían verse comprometidos por dificultades financieras del sistema y retrasos en pagos a hospitales públicos y privados.

“Estos cierres han impactado negativamente la calidad de atención maternoinfantil y podrían generar un alarmante aumento de la mortalidad infantil y materna, lo que representa una grave violación de la Constitución Política de Colombia, particularmente del artículo 44, que prioriza los derechos fundamentales de los niños”, señaló el gremio en su comunicado.

En el documento, la Sociedad resalta que la crisis ha llevado al cierre de servicios esenciales, como las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), así como salas de parto de alto riesgo y consultorios de urgencias pediátricas.

Medellín también reduce su capacidad obstétrica

La situación también se refleja en Medellín. La Clínica del Prado, uno de los principales centros asistenciales de la ciudad para la atención de partos, anunció recientemente el cierre de 30 camas de ginecobstetricia, lo que representa una reducción cercana al 50 % de su capacidad en este servicio.

La institución explicó la decisión a través de un comunicado del Grupo Quirosalud, entidad administradora del centro hospitalario: “Esta medida responde exclusivamente a la necesidad de enfrentar la crisis financiera institucional, optimizando el uso de los recursos disponibles y priorizando aquellas áreas críticas que permiten garantizar la atención oportuna y segura de nuestras pacientes”.

Según la entidad, la reducción de camas no afectará la atención de urgencias obstétricas ni los partos de pacientes vinculadas a las entidades con las que mantiene convenios. Además, se anunció una articulación con la red hospitalaria para garantizar la continuidad de la atención.

“La medida será evaluada periódicamente, con el objetivo de restituir progresivamente la capacidad instalada cuando las condiciones financieras lo permitan”.

Frente a los reportes sobre el cierre de servicios hospitalarios, el Ministerio de Salud y Protección Social señaló que estas decisiones no obedecen a una política gubernamental ni a una crisis estructural del sistema.

Al mismo tiempo, el Ministerio sostiene que la capacidad del sistema continúa ampliándose.

Caída de nacimientos y presión sobre el sistema

A los problemas financieros se suma un cambio demográfico importante: la caída en la natalidad. El declive sostenido de la natalidad en Colombia no solo está reconfigurando la pirámide poblacional, sino que empieza a tener efectos directos —aunque aún poco visibilizados— sobre la organización y sostenibilidad de los servicios de salud, particularmente en las áreas neonatal y pediátrica.

De acuerdo con cifras del DANE, en 2024 se registraron 453.901 nacimientos, lo que representa una reducción del 12 % frente a 2023 y una caída acumulada del 31,3 % en comparación con 2015. La tendencia no muestra señales de reversión: en 2025, entre enero y julio, se reportaron 243.870 nacimientos, un 6,6 % menos que en el mismo periodo del año anterior.

Como lo advirtió la directora de la entidad, Piedad Urdinola, “Colombia está teniendo cada vez menos hijos y a edades más tardías”. Este fenómeno no solo responde a decisiones individuales, sino a transformaciones estructurales en la sociedad, donde —según un sondeo citado— pesan factores como “el costo de vida es muy alto y criar un hijo es demasiado caro” o que “muchas personas prefieren estudiar o trabajar antes que tener hijos”.

En Antioquia también se evidencia esta tendencia. Durante 2024 se registraron 52.171 nacimientos en el departamento, de los cuales 17.824 ocurrieron en Medellín, una cifra inferior a la registrada el año anterior.

Menos nacimientos, menos demanda… ¿y menos servicios?

Este descenso acelerado comienza a impactar la demanda de servicios maternoinfantiles. En términos simples: menos nacimientos implican menor ocupación de salas de parto, unidades neonatales y servicios pediátricos, lo que está llevando a algunas instituciones a replantear su oferta. La reducción sostenida de nacimientos presiona financieramente a clínicas y hospitales que dependen en parte de estos servicios. En contextos de crisis del sistema, esto puede traducirse en cierres, reconversiones o concentración de la oferta.

El propio contexto reciente del país ya ha dado señales de alerta. Decisiones como el cierre de unidades maternoneonatales —como ha ocurrido en algunas regiones— reflejan cómo la menor demanda, sumada a problemas financieros estructurales del sistema, termina afectando la disponibilidad de servicios clave para la atención de recién nacidos.

Un cambio estructural con efectos en el sistema de salud

Desde una perspectiva más amplia, expertos advierten que esta transición demográfica tendrá implicaciones profundas. Según el centro de estudios económicos ANIF, la fecundidad global viene cayendo y continuará haciéndolo, lo que implica poblaciones cada vez más envejecidas.

En Colombia, la tasa global de fecundidad ya alcanzó un mínimo histórico de 1,1 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo (2,1). Este dato confirma que el país está entrando en una fase avanzada de transición demográfica.

Para Sophia Olarte, si bien este fenómeno puede interpretarse como un avance en términos de autonomía y equidad, “este fenómeno demográfico, caracterizado por la inversión de la pirámide poblacional, constituye una modificación estructural de la sociedad, con implicaciones económicas significativas”.

Y es ahí donde el sistema de salud enfrenta una doble presión: por un lado, disminuye la demanda en servicios neonatales y pediátricos; por otro, aumenta la necesidad de atención en enfermedades crónicas y en población adulta mayor.

¿Reconfiguración o riesgo de acceso?

La reducción de servicios neonatales y pediátricos no es necesariamente negativa si responde a una planeación adecuada basada en la nueva realidad demográfica. Sin embargo, en un sistema fragmentado y con crisis financiera, el riesgo es que estos ajustes se den de manera desordenada, afectando el acceso, especialmente en regiones apartadas.

El reto, como advierten los expertos, no es revertir la caída de la natalidad “por arte de magia”, sino adaptarse “inteligentemente” a este nuevo escenario. Esto implica una reorganización de la red de servicios que garantice suficiencia y calidad, evitando que la menor demanda derive en vacíos de atención.

En síntesis, Colombia no solo enfrenta una caída histórica en los nacimientos, sino un punto de inflexión para su sistema de salud: mientras disminuyen los niños, también se redefine qué servicios se necesitan, dónde y con qué capacidad instalada.

Un problema estructural

Ante este panorama, expertos, gremios médicos y asociaciones hospitalarias han reiterado la necesidad de adoptar medidas estructurales que permitan garantizar la sostenibilidad de los servicios maternoinfantiles. Entre las propuestas se encuentran revisar los modelos de pago del sistema, fortalecer la financiación de la atención pediátrica y neonatal y consolidar la red hospitalaria pública.

Estas discusiones coinciden con el momento en que el Congreso vuelve a debatir el rumbo del sistema de salud, un escenario en el que uno de los puntos centrales será precisamente cómo garantizar la sostenibilidad financiera de los prestadores y evitar que servicios esenciales, como la pediatría y la neonatología, sigan desapareciendo.



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