MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 335 AGOSTO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388

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La longevidad demanda un nuevo perfil de atención

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Por: Yuly Andrea Atehortúa Mira
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Colombia envejece a un ritmo acelerado y el sistema de salud enfrenta un desafío que ya no admite aplazamientos: responder a una población con mayor carga de enfermedades crónicas, dependencia y necesidad de cuidados continuos. En ese escenario surge una pregunta de fondo: ¿el modelo de atención está preparado para responder a esta transición demográfica?

A medida que aumenta la esperanza de vida, también crece la probabilidad de desarrollar una o varias enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), hoy la principal causa de mortalidad en el mundo.

Este panorama cobra mayor relevancia cuando se proyecta que la carga financiera en salud aumentará progresivamente como consecuencia del envejecimiento poblacional y del aumento en la esperanza de vida —75 años en hombres y 80 años en mujeres—. A ello se suma la situación económica de muchos adultos mayores.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), para 2021 solo el 25,5 % de las personas mayores de 60 años tenía pensión, mientras que la pobreza monetaria alcanzaba el 28,4 % y la pobreza multidimensional el 18 %.

Las mujeres enfrentan un mayor riesgo de desprotección económica debido a la carga del trabajo de cuidado no remunerado, lo que reduce sus posibilidades de cotizar al sistema de seguridad social.

Este escenario configura un perfil de paciente mayor caracterizado por enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, enfermedad renal, demencias y cáncer, además de multimorbilidad, polifarmacia, hospitalizaciones repetidas y tratamientos prolongados, condiciones que demandan una atención más continua, coordinada e integral.

El cuidado continuo, una prueba para el talento humano

La atención de la población mayor tiene un impacto directo en la carga laboral del talento humano en salud y en las consultas en servicios ambulatorios y hospitalarios, afirma María Magdalena Pizano, enfermera especialista en dolor y cuidado paliativo en la región de Antioquia, con trayectoria investigativa asociada a la Universidad Pontificia Bolivariana en el área de interacción pediátrica y paliativos.

“Las múltiples patologías crónicas —explica— retan a los servicios a disponer de una mayor capacidad para atender la complejidad de estos casos, no por la criticidad del paciente, sino por el acompañamiento continuo que hace falta para garantizar su bienestar y calidad de vida”.

El envejecimiento de la población también evidencia una tensión entre las necesidades de cuidado y las condiciones laborales del personal de salud. “Se requiere un alto esfuerzo físico en movilización, higiene y posicionamiento, y se suma el desgaste emocional al acompañar procesos de deterioro crónico o del final de la vida del paciente y de su cuidador principal”, argumenta la enfermera Karen Suárez Ríos.

No obstante, señala que el mayor reto desde su labor es: “No solo prolongar la expectativa de vida, sino garantizar la funcionalidad y la dignidad en la vejez, evitando complicaciones que se vuelven más difíciles de mitigar”.

Un abordaje integral

Una de las principales discusiones gira en torno al modelo de atención. Para Jhon Alejandro Naranjo Gómez, médico internista y geriatra, con experiencia en atención e investigación sobre envejecimiento y salud de las personas mayores, el sistema continúa abordando al adulto mayor de manera fragmentada. “El paciente pasa por diferentes especialistas; cada uno formula diferentes medicamentos con sus efectos adversos. Hay poca integralidad y pocos geriatras”.

Aunque el envejecimiento poblacional es un fenómeno mundial y varios países de América Latina, entre ellos Colombia, han avanzado en la adaptación de sus sistemas de salud, el especialista considera que el país debe fortalecer un modelo basado en la atención primaria, la prevención y la valoración geriátrica integral. Para ello, plantea incorporar la valoración geriátrica desde etapas tempranas, evaluar el grado de fragilidad del paciente, prevenir la dependencia funcional y contribuir a disminuir los costos de atención.

Para Naranjo Gómez, las condiciones ambientales y sociales del país, como la ausencia de redes de apoyo o las condiciones económicas precarias, también afectan el proceso de envejecimiento.

Mientras que en los hombres los factores de riesgo incluyen una menor expectativa de vida y trabajos físicamente más exigentes, en las mujeres existe una “feminización del envejecimiento”, porque quien suele cuidar a una mujer mayor también es otra mujer “que posiblemente se salga del trabajo, disminuya sus recursos y la posibilidad de pensionarse para poder ejercer esta labor”.

Otro de los desafíos es el aumento de la depresión y el deterioro cognitivo. “En donde más del 50 % de las condiciones medioambientales son reversibles, tratadas oportunamente” puntualiza Naranjo.

El especialista explica que esto puede lograrse mediante intervenciones como el uso de audífonos, gafas y actividades que estimulen el aprendizaje.

Sin embargo, la discusión no termina en la organización del modelo asistencial. El envejecimiento también plantea interrogantes sobre la seguridad del paciente, especialmente frente al uso simultáneo de múltiples medicamentos y la capacidad del sistema para acompañar adecuadamente estos tratamientos.

Seguridad del paciente

“Cuando hay multimorbilidad aumenta el riesgo de mayor deterioro y cuando son ancianos se normalizan los síntomas, todo es por la edad”, afirma el especialista.

A ello se suma la polifarmacia, que incrementa el riesgo de eventos adversos y puede afectar aún más la calidad de vida. “Es necesario contar con un especialista que entienda las sugerencias de las guías internacionales y los estudios sobre el uso de medicamentos, teniendo en cuenta que los pacientes ancianos generalmente no están incluidos en estos estudios”, advierte Naranjo.

Desde la perspectiva farmacéutica, Martha Eugenia Merchán Grajales, jefe del programa de Química Farmacéutica de la Universidad CES, sostiene que la polifarmacia representa un riesgo importante para los pacientes y que, a medida que aumenta el número de medicamentos, también crece la probabilidad de presentar eventos adversos.

Entre ellos se encuentran reacciones e interacciones medicamentosas, fallos terapéuticos y errores en la prescripción o dispensación. “Así como problemas administrativos con la entrega incompleta de los tratamientos, derivados del desabastecimiento o de la gestión propia de los gestores farmacéuticos”, complementa María Eugenia.

A esto se suman condiciones propias de los adultos mayores, quienes, por pérdida de memoria o por efectos sedantes de otros medicamentos, pueden ingerir dosis superiores a las recomendadas. También existen pacientes que, independientemente de su edad, desconocen los efectos de los medicamentos que consumen.

En este contexto, la alfabetización en salud desde las EPS, clínicas y hospitales constituye una de las estrategias más eficaces para promover el uso racional de los medicamentos, afirma la doctora Merchán: ”Contar con una población que comprenda en qué consisten sus enfermedades, el propósito de los medicamentos prescritos y su papel en mantener la estabilidad de su condición clínica constituye un factor clave para mejorar la adherencia a los tratamientos y, con ello, su eficacia”.

Esta alfabetización también permitiría identificar oportunamente señales de alerta y facilitar intervenciones tempranas para promover un envejecimiento saludable.

Costos proyectados de las ECNT

Un grupo de investigadoras del Banco de la República estimó los costos asociados a las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) en Colombia entre 2016 y 2021, con base en el número de consultas, procedimientos, atenciones por urgencias y hospitalizaciones, sin incluir los medicamentos ni los gastos no financiados por la UPC.

El estudio evidenció un aumento de los costos totales a partir de 2017, impulsado principalmente por las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, así como un incremento en los costos por persona atendida desde 2019.

Además, las investigadoras proyectaron para 2030 distintos escenarios en los que el envejecimiento de la población será el principal determinante del crecimiento de los costos. Los costos totales de las ECNT, expresados en pesos de 2021, se situarían entre COP 9.3 billones y COP 10.2 billones, lo que representaría un incremento superior al 50 % en los costos reales anuales entre 2020 y 2030.

El verdadero desafío no consiste únicamente en vivir más años, sino en garantizar que estos años transcurran con autonomía, bienestar y acceso a una atención integral. La sostenibilidad del sistema dependerá, en buena medida, de la capacidad para anticiparse a esta transformación demográfica y adaptar el modelo de atención a una población cada vez más longeva.


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Autor

Andrea Ochoa Restrepo

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