Aunque
se señala que en algunos casos de acoso laboral pueden
darse también conductas que podrían estar dentro
del acoso sexual, es conveniente la distinción entre
ambos. Esta diferencia estriba en que en el acoso sexual las
conductas giran en torno del sexo, y en que la víctima
de acoso sexual tiene percepción inmediata de las conductas
de acoso, mientras que las víctimas de acoso laboral
tardan tiempo en percibir las conductas de acoso. También
se señala que el acosador laboral, a diferencia del sexual,
mantiene la convicción interna de no haber hecho nada
malo, aún después de la condena; en tanto,
el acosador sexual termina por reconocer que tuvo alguna conducta
inapropiada (1).
El acoso sexual puede ser sufrido tanto por hombres como por
mujeres. Sin embargo, quizá la mujer es la principal
víctima, porque en el mercado laboral su situación
es más de subordinación jerárquica o inestable
en el empleo. Según la Organización Internacional
del Trabajo -OIT- (1995;1997), para que haya acoso sexual deben
integrarse 3 elementos: un comportamiento de carácter
sexual, que éste no sea deseado y que la víctima
lo perciba como un condicionante hostil para su trabajo, convirtiéndolo
en algo humillante.
- Violencia laboral
La violencia se extendió paulatinamente desde
las empresas que manejan bienes de alto valor, como bancos y
farmacias, a organizaciones que realizan actividades de servicio
público o al ciudadano, como sistemas de transporte urbano
y servicios públicos (2) (bomberos, médicos, profesores,
enfermeras, trabajadores sociales, trabajadores de la comunidad,
camareros, etc.), lo que devino en un fenómeno emergente
y global en el ámbito de los riesgos laborales.
Se han definido los lugares de trabajo más vulnerables
como los servicios sanitarios, el personal docente, empleadas
de servicio doméstico, trabajadores solitarios o a turnos,
tareas de atención al público en bancos y comercios.
Se ha señalado que alrededor de 1.000 personas mueren
cada año en los entornos laborales por estas circunstancias
(3).
La Tercera Encuesta Europea sobre Condiciones de Trabajo (2000),
indicó que un 4% (3 millones) de trabajadores en Europa
están expuestos a violencia física por parte de
personas del ámbito de trabajo y un 9% (13 millones)
de trabajadores están sujetos a intimidación y
amenazas. Respecto de la intimidación y amenazas se observan
las mayores tasas de exposición en el sector servicios:
14% en administración pública, 13% en hoteles
y restaurantes, y 12% en otros servicios. Se ven más
implicadas las mujeres (10%) que los hombres (8%). Por colectivos,
de todos los trabajadores europeos, los profesionales de la
salud son los que más actos violentos sufren (24%), por
encima de los trabajadores de la enseñanza (7%) y la
policía (5%). Dentro del grupo de médicos y enfermeras,
los incidentes notificados afectan al personal de enfermería
(48%), médico (32%), técnico y administrativo
(13%) y de otros sectores (7%). En cuanto a los agresores, 64%
son hombres, y la mayoría de las veces son los pacientes
(73%), un 20% familiares y 7% los acompañantes. Con frecuencia,
33% de los agresores son reincidentes y 33% suelen tener problemas
psico-patológicos, drogo-dependencia o alcoholismo (4).
Prevención y manejo del estrés
laboral
En la sociedad actual, las condiciones cambiantes y
exigentes de la economía como la globalización,
la innovación tecnológica y la competitividad,
generan incertidumbre y problemas sociales que hacen más
vulnerable al trabajador de ver comprometida su salud y su proyecto
de vida.
La prevención de riesgos a nivel laboral exige una visión
global que contemple no sólo los factores de riesgo de
seguridad, higiénicos, ergonómicos, sino también
los psicosociales y la interrelación de todos ellos.
Las estrategias de abordaje de estos problemas deben llegar
a los trabajadores como una actuación única, coherente
y coordinada, que no privilegie unos factores o convierta otros
en fuente de estigma.
Si bien resulta imposible instaurar una medida preventiva para
cada factor de riesgo psicosocial, y dada la complejidad y multiplicidad
de causas y efectos del estrés laboral, es necesario
plantear un enfoque sistemático que reúna estrategias
interdisciplinarias, globales, participativas y que perduren
en el tiempo 6
Notas
(1). Gimeno Lahoz, 2004
(2). Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo,
2001
(3). (Chappell y Di Martino, 1998).
(4). Cervantes i Ortega, 2008). |