MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 95   AGOSTO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Violencia en Colombia: principal problema de salud pública
José Yesid Carrillo Cantillo - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
La violencia es el problema de salud pública más urgente que enfrenta Colombia. Tal es la conclusión del informe Vivir con miedo: el ciclo de la violencia en Colombia, publicado el pasado mes de abril por Médicos Sin Fronteras (MSF), organización con asiento en el país desde 1985 y que en la actualidad hace presencia en el territorio colombiano con 49 voluntarios extranjeros y más de 115 nacionales que prestan asistencia a miles de personas afectadas por el conflicto en diversos lugares de la geografía nacional.
El informe que no tiene la pretensión de ser un estudio científico del impacto en la salud del conflicto colombiano, sino más bien resaltar las consecuencias directas de la violencia sobre la población -llamando la atención sobre el costo humano del conflicto- ofrece una visión general de la violencia como problema de salud pública que debe ser objeto de mayor atención y prioridad por parte del gobierno colombiano y de otras entidades involucradas en políticas públicas.
Partiendo de la definición de violencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “el uso intencional de la fuerza física o el poder, real o por amenaza, contra la persona misma, contra otra persona, o contra un grupo o comunidad que puede resultar en muerte, lesión, daño psicológico, problemas de desarrollo o de privación”, en Colombia constituye un problema de salud pública en concepto del doctor Alberto Concha-Eastman, asesor regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), básicamente por los siguientes motivos: 1) La alta mortalidad y morbilidad evitables, que afecta especialmente a mujeres, niñas, niños y jóvenes en mayor vulnerabilidad social. 2) Requiere de alta inversión médica, desviando recursos de otras necesidades de salud. 3) Afecta a la víctima, su familia y al ambiente social, con efectos negativos en lo económico, social y psicológico. 4) Afecta la cotidianidad de la comunidad, el derecho a disfrutar y hacer uso de los bienes públicos. 5) Afecta el desarrollo de las comunidades que la padecen y el del país en general, y 6) Afecta al individuo responsable del acto violento.
Según el informe de MSF, la violencia es la principal causa de muerte en Colombia. Señala que en la última década la tasa de homicidios fue aproximadamente de 60 por cada 100.000 habitantes, cifra que contrasta con el promedio mundial de hace apenas 6 años que alcanzaba los 8,8 por cada 100.000 habitantes. El grupo más afectado son los hombres con edades comprendidas entre los 15 y 44 años, rango en el que se registra una tasa de homicidios de 221 por cada 100.000 habitantes. Y no son los únicos. El porcentaje de mujeres víctimas de la violencia también ha aumentado durante los últimos 20 años. La violencia es la principal causa de muerte para las mujeres entre los 15 y los 39 años con una tasa de 17 por cada 100.000, el doble que la segunda causa de muerte: las complicaciones durante el embarazo y el parto. Los niños también se ven afectados por la violencia, llegando ésta a constituirse en la segunda causa de muerte entre las edades de 5 y 14 años. Pese a estas alarmantes cifras, los efectos del conflicto armado en la población civil van más allá de las estadísticas y el diagnóstico médico. En el informe, los testimonios de los colombianos, ya sean pacientes, personal médico o miembros de la comunidad, describen un ciclo de violencia y desplazamiento sin fin: desplazamiento forzoso de zonas rurales a barrios marginales urbanos, y luego el retorno a casa, a las mismas condiciones que forzaron la huída inicialmente.
Sin embargo, el aspecto más preocupante del conflicto es la forma en la cual la violencia se ha insertado en el tejido social, y en cada aspecto de la vida cotidiana. El peso de esta carga y sus efectos negativos sobre el bienestar y la calidad de vida de la población, deben ser seriamente considerados.
Consecuencias de la violencia sobre la salud
Médicos Sin Fronteras ha detectado en las diferentes zonas donde hace presencia, muchas enfermedades parasitarias e infecciones de la piel que se asocian con condiciones de vida y sanitarias precarias, propias de condiciones consecuentes de la violencia como el desplazamiento forzoso. Las infecciones parasitarias pueden tener un impacto grave en el desarrollo de los niños, y las infecciones de la piel son sumamente dolorosas e incluso desfigurantes.
La salud reproductiva en zonas remotas y de conflicto es igualmente preocupante. MSF trabaja en pueblos donde hasta el 82% de los nacimientos se realiza en casa, con una edad promedio de 16.6 años en el primer parto. La prevalencia de enfermedades infecciosas como la tuberculosis y el sida es simplemente desconocida. Muchos de los factores críticos de riesgo asociados a estas enfermedades están presentes, pero el diagnóstico, tratamiento y seguimiento simplemente no está disponible. Las tasas de vacunación en niños son peligrosamente bajas; en algunas comunidades de Norte de Santander, las tasas de vacunación estimadas de polio, DPT o BCG son del 1%. Pero sin duda, el impacto más negativo del conflicto se evidencia en la salud mental y el bienestar de los desplazados por la violencia: las secuelas de hechos violentos representan una carga que se suma a los desafíos de la huída, el desplazamiento y el retorno.
Al analizar la violencia en Colombia como una condición que afecta la salud, es posible identificar una variedad de secuelas y síntomas que van más allá del trauma físico. Durante las consultas médicas, el personal de MSF escucha frecuentemente quejas por dolores de cabeza, cuello o espalda, ardor en el estómago, dificultad para dormir y miedos “inexplicables” en pacientes que aparecen saludables luego del examen físico; tales quejas, repetidas constantemente por los mismos pacientes a través del tiempo, resaltan una alta incidencia de trastornos psico-somáticos asociados con el estrés generado por el conflicto armado. Paradójicamente, la salud mental recibe poca atención en el país: prueba de ello es que la única investigación patrocinada por el gobierno sobre el estado de salud mental de la población colombiana (Estudio Nacional de Salud Mental de Colombia) data del año 2003 y fue realizado con una muestra de población principalmente urbana, con razonables niveles de educación y empleo, y con vivienda estable. Dicho estudio no se enfocó específicamente en aquellos que soportan el peso de la violencia generada por el conflicto en Colombia, es decir, la población más pobre que vive en zona rural, los desplazados y los que viven en barrios marginales de las ciudades.
La preocupación de MSF
Para MSF, a pesar de que la violencia generada por el conflicto debería ser una preocupación para los profesionales de la salud pública, la atención de las consecuencias médicas de esta realidad crónica no recibe en Colombia la prioridad necesaria. Particularmente alarmante es la falta de servicios de salud mental en regiones donde MSF observa necesidades inmensas. Como consecuencia de esta desatención, víctimas y sobrevivientes de la violencia sufren de trastornos mentales sin ninguna esperanza de alivio.
Es prioritario que el gobierno colombiano y otras agencias responsables cumplan con su obligación de proteger y asistir a las victimas de la violencia en Colombia.
Como lo expresó Nelson Mandela en el prólogo al Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud: “Debemos hacer frente a las raíces de la violencia. Solo entonces transformaremos el legado del siglo pasado de lastre oneroso en experiencia aleccionadora” .
 
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