El informe que no
tiene la pretensión de ser un estudio científico
del impacto en la salud del conflicto colombiano, sino más
bien resaltar las consecuencias directas de la violencia sobre
la población -llamando la atención sobre el costo
humano del conflicto- ofrece una visión general de la
violencia como problema de salud pública que debe ser
objeto de mayor atención y prioridad por parte del gobierno
colombiano y de otras entidades involucradas en políticas
públicas.
Partiendo de la definición de violencia de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) como el uso intencional de la
fuerza física o el poder, real o por amenaza, contra
la persona misma, contra otra persona, o contra un grupo o comunidad
que puede resultar en muerte, lesión, daño psicológico,
problemas de desarrollo o de privación, en Colombia
constituye un problema de salud pública en concepto del
doctor Alberto Concha-Eastman, asesor regional de la Organización
Panamericana de la Salud (OPS), básicamente por los siguientes
motivos: 1) La alta mortalidad y morbilidad evitables, que afecta
especialmente a mujeres, niñas, niños y jóvenes
en mayor vulnerabilidad social. 2) Requiere de alta inversión
médica, desviando recursos de otras necesidades de salud.
3) Afecta a la víctima, su familia y al ambiente social,
con efectos negativos en lo económico, social y psicológico.
4) Afecta la cotidianidad de la comunidad, el derecho a disfrutar
y hacer uso de los bienes públicos. 5) Afecta el desarrollo
de las comunidades que la padecen y el del país en general,
y 6) Afecta al individuo responsable del acto violento.
Según el informe de MSF, la violencia es la principal
causa de muerte en Colombia. Señala que en la última
década la tasa de homicidios fue aproximadamente de 60
por cada 100.000 habitantes, cifra que contrasta con el promedio
mundial de hace apenas 6 años que alcanzaba los 8,8 por
cada 100.000 habitantes. El grupo más afectado son los
hombres con edades comprendidas entre los 15 y 44 años,
rango en el que se registra una tasa de homicidios de 221 por
cada 100.000 habitantes. Y no son los únicos. El porcentaje
de mujeres víctimas de la violencia también ha
aumentado durante los últimos 20 años. La violencia
es la principal causa de muerte para las mujeres entre los 15
y los 39 años con una tasa de 17 por cada 100.000, el
doble que la segunda causa de muerte: las complicaciones durante
el embarazo y el parto. Los niños también se ven
afectados por la violencia, llegando ésta a constituirse
en la segunda causa de muerte entre las edades de 5 y 14 años.
Pese a estas alarmantes cifras, los efectos del conflicto armado
en la población civil van más allá de las
estadísticas y el diagnóstico médico. En
el informe, los testimonios de los colombianos, ya sean pacientes,
personal médico o miembros de la comunidad, describen
un ciclo de violencia y desplazamiento sin fin: desplazamiento
forzoso de zonas rurales a barrios marginales urbanos, y luego
el retorno a casa, a las mismas condiciones que forzaron la
huída inicialmente.
Sin embargo, el aspecto más preocupante del conflicto
es la forma en la cual la violencia se ha insertado en el tejido
social, y en cada aspecto de la vida cotidiana. El peso de esta
carga y sus efectos negativos sobre el bienestar y la calidad
de vida de la población, deben ser seriamente considerados.
Consecuencias de la violencia sobre
la salud
Médicos Sin Fronteras ha detectado en las diferentes
zonas donde hace presencia, muchas enfermedades parasitarias
e infecciones de la piel que se asocian con condiciones de vida
y sanitarias precarias, propias de condiciones consecuentes
de la violencia como el desplazamiento forzoso. Las infecciones
parasitarias pueden tener un impacto grave en el desarrollo
de los niños, y las infecciones de la piel son sumamente
dolorosas e incluso desfigurantes.
La salud reproductiva en zonas remotas y de conflicto es igualmente
preocupante. MSF trabaja en pueblos donde hasta el 82% de los
nacimientos se realiza en casa, con una edad promedio de 16.6
años en el primer parto. La prevalencia de enfermedades
infecciosas como la tuberculosis y el sida es simplemente desconocida.
Muchos de los factores críticos de riesgo asociados a
estas enfermedades están presentes, pero el diagnóstico,
tratamiento y seguimiento simplemente no está disponible.
Las tasas de vacunación en niños son peligrosamente
bajas; en algunas comunidades de Norte de Santander, las tasas
de vacunación estimadas de polio, DPT o BCG son del 1%.
Pero sin duda, el impacto más negativo del conflicto
se evidencia en la salud mental y el bienestar de los desplazados
por la violencia: las secuelas de hechos violentos representan
una carga que se suma a los desafíos de la huída,
el desplazamiento y el retorno.
Al analizar la violencia en Colombia como una condición
que afecta la salud, es posible identificar una variedad de
secuelas y síntomas que van más allá del
trauma físico. Durante las consultas médicas,
el personal de MSF escucha frecuentemente quejas por dolores
de cabeza, cuello o espalda, ardor en el estómago, dificultad
para dormir y miedos inexplicables en pacientes
que aparecen saludables luego del examen físico; tales
quejas, repetidas constantemente por los mismos pacientes a
través del tiempo, resaltan una alta incidencia de trastornos
psico-somáticos asociados con el estrés generado
por el conflicto armado. Paradójicamente, la salud mental
recibe poca atención en el país: prueba de ello
es que la única investigación patrocinada por
el gobierno sobre el estado de salud mental de la población
colombiana (Estudio Nacional de Salud Mental de Colombia) data
del año 2003 y fue realizado con una muestra de población
principalmente urbana, con razonables niveles de educación
y empleo, y con vivienda estable. Dicho estudio no se enfocó
específicamente en aquellos que soportan el peso de la
violencia generada por el conflicto en Colombia, es decir, la
población más pobre que vive en zona rural, los
desplazados y los que viven en barrios marginales de las ciudades.
La preocupación de MSF
Para MSF, a pesar de que la violencia generada por el
conflicto debería ser una preocupación para los
profesionales de la salud pública, la atención
de las consecuencias médicas de esta realidad crónica
no recibe en Colombia la prioridad necesaria. Particularmente
alarmante es la falta de servicios de salud mental en regiones
donde MSF observa necesidades inmensas. Como consecuencia de
esta desatención, víctimas y sobrevivientes de
la violencia sufren de trastornos mentales sin ninguna esperanza
de alivio.
Es prioritario que el gobierno colombiano y otras agencias responsables
cumplan con su obligación de proteger y asistir a las
victimas de la violencia en Colombia.
Como lo expresó Nelson Mandela en el prólogo al
Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud: Debemos
hacer frente a las raíces de la violencia. Solo entonces
transformaremos el legado del siglo pasado de lastre oneroso
en experiencia aleccionadora . |