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Por mucho que
se declaren a favor de la salud y en proteger a los más
pobres, lo cierto es que los gobiernos de muchos países
siguen tratando a la salud como un bien de lujo.
Así lo asegura Philip Musgrove, un estudioso del tema
que pasó los primeros 9 años de su vida en Colombia
y que en la actualidad es un miembro del Banco Mundial, en
el área de la salud.
El periódico El Pulso presenta algunas de sus conclusiones
durante una videoconferencia transmitida desde Washington
el pasado 6 de septiembre, y presentada en el auditorio de
la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá.
Según Musgrove, los esquemas de financiamiento e inversión
en salud son dispersos y a la hora de elegir cómo y
en dónde invertir, ningún gobierno, al menos
así lo dejan ver sus conclusiones, sigue un parámetro
definido
"Todas las decisiones de cómo financiar la salud
afectan al presupuesto público y al de los hogares,
y esto, a la postre, determinará si la gente va a tener
acceso a la salud en el aspecto físico como en el financiero".
Musgrove considera que las dos formas de financiar la salud
de los pueblos están dadas por lo que él denomina
"prepago" y "gasto de bolsillo". En el
primero, el beneficiario tiene alguna protección financiera,
ya sea proporcionada por el Estado o por sus propios recursos,
en tanto que en la segunda quien lo asume debe correr con
todos los gastos y esto ocurre en las naciones pobres, como
por ejemplo en Suramérica.
Ahora, mirando un poco la forma en que se invierte, esto es,
teniendo en cuenta variables como el Producto Interno Bruto
y el gasto que se hace en este sector, concluye que no hay
ninguna diferencia entre países pobres y ricos, "pues
la inversión es dispersa" y no tiene una relación
con nada.
Una de las particularidades detectadas es que la cantidad
de dinero que irá a esta franja -la salud- no la define
el ministro del ramo, sino que es el producto de muchas decisiones.
En los países en los cuales la población tiene
mayores ingresos económicos, "los gastos de bolsillo"
son controlados, porque funciona el prepago, ya que este medio
permite acceder a mejores "paquetes".
Contrariamente en los gastos de bolsillo, las gentes en vez
de economizar y maximizar sus ingresos, lo que hacen es dispersarlos
porque no tienen objetivos claros. "Es aquí importante
aclarar que en los países pobres, los gobiernos deben
hacer máximos esfuerzos para encauzar sus inversiones,
porque es claro que es aquí en donde hay más
necesidades de protección".
Tomando como referencia mediciones en varios países,
Musgrove considera que cuando una persona, por cualquier razón,
invierte más del 50% de sus ingresos en salud -excluyen-do,
claro está, lo que invierte en comida-, llega a lo
que se denomina "gasto catastrófico" y aunque
no sabe a ciencia cierta a qué medios acudió
para financiar esos costos (retirar un niño del colegio,
vender un inmueble, etc.), lo cierto es que ese fenómeno
se presenta con más frecuencia de lo esperado, especialmente
en las economías que sufren retroceso.
"Sería interesante hacerle entender a los responsables
de las políticas en salud, que es necesario revertir
la política que se sigue comúnmente, de invertir
más cuando hay más, e invertir menos cuando
hay menos".
Según la teoría de Musgrove, esto haría
que en un momento determinado, cuando las economías
de los países funcionen bien, el sector privado absorbería
las necesidades de la población porque la gente estaría
en capacidad de pagar.
Economías en retroceso
Predecir el futuro, es una tarea que muchos emprenden pero
en la que pocos tienen éxito, y es así que nadie
está seguro de cómo serán las cosas en
un día no muy lejano.
Eso sucede en el campo de la salud, en donde los encargados
de pensar en este tipo de inversiones, no pueden asegurar
nada porque "nadie sabe para dónde van las economías".
Los ejemplos más claros en este aspecto los dejaron
ver Brasil y Argentina. "En Brasil, cuando llegó
la época de vacas flacas, la gente se moría
en los pasillos de los hospitales -cosa que no debería
suceder en ningún país del mundo-, porque los
centros asistenciales no tenían la capacidad de atender
a toda la gente, cuando antes buena parte de la población
acudía a los prepagos porque tenía como hacerlo.
"Para nadie es un secreto que cuando vienen las crisis,
la gente se enferma más. Uno se enferma cuando pierde
el empleo y eso ocurre no solo en los países pobres,
sino en los países ricos", apunta Musgrove, quien
aclara que la demanda por servicios de salud en el sector
privado disminuye y, automáticamente, se traslada a
lo público.
En Tailandia, cuando hubo bonanzas económicas, una
gran parte de los médicos del sector público
dejaron sus puestos y decidieron abrir sus propios centros
de atención porque la gente lo demandaba así.
Luego, cuando las cosas dejaron de ser tan prósperas,
esos mismos médicos intentaron volver al sector público,
sin lograrlo.
"Si hay un retroceso económico, ya sea de corta
o larga duración, los ingresos se reducen, es decir
que los gobiernos tendrán menos dinero para dedicar
a la salud, pues al fisco no ingresan los recursos necesarios",
explica.
La razón de esa baja de ingresos que percibe el fisco
se da porque hay reducción de salarios en el sector
privado, que traducido al lenguaje de la calle, es estar desempleado,
subempleado o ser temporal.
"La salud se ve afectada porque, según estudios
empíricos, cuando hay economías en retroceso,
la tendencia es a tener más morbilidad, más
enfermedades, más accidentes, hay más desnutrición
y más estrés mental", arguye Musgrove.
Curiosamente, se observa que cuando más se necesita
estar protegido en el sector salud, es cuando justamente no
se tiene nada, esto porque cuando se pierde el empleo, su
seguro social lo cobija por un corto tiempo y comienza una
cadena que llega a extenderse, porque hay menos personas trabajando
y menos gente pagando sus cuotas de salud en cualquier sistema
al que se pertenezca.
"El efecto, entonces, es que la demanda hacia el sector
privado para atención en salud, debería registrar
una disminución, no porque las personas sean más
sanas o tengan menos enfermedades, sino porque su capacidad
de demandar, se reduce al no poder pagar una consulta privada
y todos buscan irse al sector público, que a su vez
tiene problemas porque no tiene ni dinero, ni está
estructuralmente en capacidad para atender tantas necesidades",
concluye Musgrove.
Este caso se refleja principalmente en los países en
donde los sistemas son segmentados, caso típico América
Latina, en donde la salud es mezcla de pública y privada,
pues las fuentes de financiamiento se dan por aportes de cada
persona y parte lo hace el Estado.
"Creo que lo que se necesita es algo que no existe. Lo
que se necesita es una política de financiamiento en
salud explícitamente anti-cíclica, es decir,
una política de gasto público que implica invertir
más cuando se está en retroceso, y reducirlo
y dejar que el sector privado lo tome cuando la economía
mejore", apunta el experto norteamericano.
Musgrove, sin embargo, dice que esto no es fácil de
llevar a cabo, pero que se tendría que hacer porque
nadie está dispuesto a hacer políticas a largo
plazo y, sobre todo, porque nadie quiere arriesgar cuando
no se puede adivinar el futuro.
Básicamente el esquema de solución implicaría
que un gobierno de turno cree fondos de reserva, que ponga
reglas de cómo y cuándo se puede gastar más
en salud; que sea capaz de acumular superávit para
financiar más adelante -si es el caso- los déficit,
y así por el estilo.
"Estos esquemas tienen dificultades políticas,
porque adoptar este tipo de decisiones implica un horizonte
que va mucho más allá del presupuesto anual
y quizá más allá de los años que
le quedan a una administración, a un gobierno"
"¿Cómo hacerle entender a un ministro de
salud que es feliz gastando dinero -cuando lo hay- que acepte
gastar menos cuando lo tiene (el dinero) a disposición,
que acepte que más recursos vayan a fondos de reserva?
¿Cómo asegurarle a ese ministro que hace sacrificios
en los buenos momentos, que cuando vengan las vacas flacas
va a tener más dinero para invertir en salud? ¿Cómo
organizar esa situación a nivel de gabinete? ¿Cómo
vendérselo al gran público?..... Ese es el gran
reto, concluyó.
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