MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 49   OCTUBRE DEL AÑO 2002    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Pese a las inversiones que se hacen:
“La salud es considerada por
los gobiernos como un bien de lujo”

Ovidio Castro Medina Periodista, Bogotá
Así lo asegura Philip Musgrove, experto del Banco Mundial, quién tras estudiar los sistemas de financiación de salud en varios países, concluyó que la inversión que se hace es dispersa, incluso en los países ricos.
Por mucho que se declaren a favor de la salud y en proteger a los más pobres, lo cierto es que los gobiernos de muchos países siguen tratando a la salud como un bien de lujo.
Así lo asegura Philip Musgrove, un estudioso del tema que pasó los primeros 9 años de su vida en Colombia y que en la actualidad es un miembro del Banco Mundial, en el área de la salud.
El periódico El Pulso presenta algunas de sus conclusiones durante una videoconferencia transmitida desde Washington el pasado 6 de septiembre, y presentada en el auditorio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá.
Según Musgrove, los esquemas de financiamiento e inversión en salud son dispersos y a la hora de elegir cómo y en dónde invertir, ningún gobierno, al menos así lo dejan ver sus conclusiones, sigue un parámetro definido
"Todas las decisiones de cómo financiar la salud afectan al presupuesto público y al de los hogares, y esto, a la postre, determinará si la gente va a tener acceso a la salud en el aspecto físico como en el financiero".
Musgrove considera que las dos formas de financiar la salud de los pueblos están dadas por lo que él denomina "prepago" y "gasto de bolsillo". En el primero, el beneficiario tiene alguna protección financiera, ya sea proporcionada por el Estado o por sus propios recursos, en tanto que en la segunda quien lo asume debe correr con todos los gastos y esto ocurre en las naciones pobres, como por ejemplo en Suramérica.
Ahora, mirando un poco la forma en que se invierte, esto es, teniendo en cuenta variables como el Producto Interno Bruto y el gasto que se hace en este sector, concluye que no hay ninguna diferencia entre países pobres y ricos, "pues la inversión es dispersa" y no tiene una relación con nada.
Una de las particularidades detectadas es que la cantidad de dinero que irá a esta franja -la salud- no la define el ministro del ramo, sino que es el producto de muchas decisiones.
En los países en los cuales la población tiene mayores ingresos económicos, "los gastos de bolsillo" son controlados, porque funciona el prepago, ya que este medio permite acceder a mejores "paquetes".
Contrariamente en los gastos de bolsillo, las gentes en vez de economizar y maximizar sus ingresos, lo que hacen es dispersarlos porque no tienen objetivos claros. "Es aquí importante aclarar que en los países pobres, los gobiernos deben hacer máximos esfuerzos para encauzar sus inversiones, porque es claro que es aquí en donde hay más necesidades de protección".
Tomando como referencia mediciones en varios países, Musgrove considera que cuando una persona, por cualquier razón, invierte más del 50% de sus ingresos en salud -excluyen-do, claro está, lo que invierte en comida-, llega a lo que se denomina "gasto catastrófico" y aunque no sabe a ciencia cierta a qué medios acudió para financiar esos costos (retirar un niño del colegio, vender un inmueble, etc.), lo cierto es que ese fenómeno se presenta con más frecuencia de lo esperado, especialmente en las economías que sufren retroceso.
"Sería interesante hacerle entender a los responsables de las políticas en salud, que es necesario revertir la política que se sigue comúnmente, de invertir más cuando hay más, e invertir menos cuando hay menos".
Según la teoría de Musgrove, esto haría que en un momento determinado, cuando las economías de los países funcionen bien, el sector privado absorbería las necesidades de la población porque la gente estaría en capacidad de pagar.
Economías en retroceso
Predecir el futuro, es una tarea que muchos emprenden pero en la que pocos tienen éxito, y es así que nadie está seguro de cómo serán las cosas en un día no muy lejano.
Eso sucede en el campo de la salud, en donde los encargados de pensar en este tipo de inversiones, no pueden asegurar nada porque "nadie sabe para dónde van las economías".
Los ejemplos más claros en este aspecto los dejaron ver Brasil y Argentina. "En Brasil, cuando llegó la época de vacas flacas, la gente se moría en los pasillos de los hospitales -cosa que no debería suceder en ningún país del mundo-, porque los centros asistenciales no tenían la capacidad de atender a toda la gente, cuando antes buena parte de la población acudía a los prepagos porque tenía como hacerlo.
"Para nadie es un secreto que cuando vienen las crisis, la gente se enferma más. Uno se enferma cuando pierde el empleo y eso ocurre no solo en los países pobres, sino en los países ricos", apunta Musgrove, quien aclara que la demanda por servicios de salud en el sector privado disminuye y, automáticamente, se traslada a lo público.
En Tailandia, cuando hubo bonanzas económicas, una gran parte de los médicos del sector público dejaron sus puestos y decidieron abrir sus propios centros de atención porque la gente lo demandaba así. Luego, cuando las cosas dejaron de ser tan prósperas, esos mismos médicos intentaron volver al sector público, sin lograrlo.
"Si hay un retroceso económico, ya sea de corta o larga duración, los ingresos se reducen, es decir que los gobiernos tendrán menos dinero para dedicar a la salud, pues al fisco no ingresan los recursos necesarios", explica.
La razón de esa baja de ingresos que percibe el fisco se da porque hay reducción de salarios en el sector privado, que traducido al lenguaje de la calle, es estar desempleado, subempleado o ser temporal.
"La salud se ve afectada porque, según estudios empíricos, cuando hay economías en retroceso, la tendencia es a tener más morbilidad, más enfermedades, más accidentes, hay más desnutrición y más estrés mental", arguye Musgrove.
Curiosamente, se observa que cuando más se necesita estar protegido en el sector salud, es cuando justamente no se tiene nada, esto porque cuando se pierde el empleo, su seguro social lo cobija por un corto tiempo y comienza una cadena que llega a extenderse, porque hay menos personas trabajando y menos gente pagando sus cuotas de salud en cualquier sistema al que se pertenezca.
"El efecto, entonces, es que la demanda hacia el sector privado para atención en salud, debería registrar una disminución, no porque las personas sean más sanas o tengan menos enfermedades, sino porque su capacidad de demandar, se reduce al no poder pagar una consulta privada y todos buscan irse al sector público, que a su vez tiene problemas porque no tiene ni dinero, ni está estructuralmente en capacidad para atender tantas necesidades", concluye Musgrove.
Este caso se refleja principalmente en los países en donde los sistemas son segmentados, caso típico América Latina, en donde la salud es mezcla de pública y privada, pues las fuentes de financiamiento se dan por aportes de cada persona y parte lo hace el Estado.
"Creo que lo que se necesita es algo que no existe. Lo que se necesita es una política de financiamiento en salud explícitamente anti-cíclica, es decir, una política de gasto público que implica invertir más cuando se está en retroceso, y reducirlo y dejar que el sector privado lo tome cuando la economía mejore", apunta el experto norteamericano.
Musgrove, sin embargo, dice que esto no es fácil de llevar a cabo, pero que se tendría que hacer porque nadie está dispuesto a hacer políticas a largo plazo y, sobre todo, porque nadie quiere arriesgar cuando no se puede adivinar el futuro.
Básicamente el esquema de solución implicaría que un gobierno de turno cree fondos de reserva, que ponga reglas de cómo y cuándo se puede gastar más en salud; que sea capaz de acumular superávit para financiar más adelante -si es el caso- los déficit, y así por el estilo.
"Estos esquemas tienen dificultades políticas, porque adoptar este tipo de decisiones implica un horizonte que va mucho más allá del presupuesto anual y quizá más allá de los años que le quedan a una administración, a un gobierno"
"¿Cómo hacerle entender a un ministro de salud que es feliz gastando dinero -cuando lo hay- que acepte gastar menos cuando lo tiene (el dinero) a disposición, que acepte que más recursos vayan a fondos de reserva? ¿Cómo asegurarle a ese ministro que hace sacrificios en los buenos momentos, que cuando vengan las vacas flacas va a tener más dinero para invertir en salud? ¿Cómo organizar esa situación a nivel de gabinete? ¿Cómo vendérselo al gran público?..... Ese es el gran reto”, concluyó.
Philip Musgrove es actualmente líder en programas de desarrollo de América Latina en el Banco Mundial, experto en procesos de integración de la región, profesor titular de la Universidad de La Florida y catedrático de la Universidad de George Washington, conferencista invitado de numerosas instituciones de educación superior.
Es asesor de la Organización Mundial de la Salud, OMS, y autor de más de un centenar de artículos acerca del sector salud. Ha publicado 20 libros sobre diversos temas, pues además, es especialista en economía y asuntos públicos.
 
 



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