MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 84    SEPTIEMBRE DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Las utopías
del manual de tarifas mínimas de procedimientos de salud

Francisco de Paula Gómez depaula@netcard.net.co
“...Pues resulta, que el Sombrerero y la Liebre casi nunca recibían cumplidos por su canto, cambiaron de opinión e invitaron a Alicia a sentarse con ellos. Y como ella no sabía lo que era una fiesta de no cumpleaños, el Sombrerero Loco le explicó: en el año sólo había un día de cumpleaños para cada uno, dijo. Por tanto, los demás 364 días eran de no cumpleaños...”
Alicia en el país de las Maravillas
Suplementariamente a la problemática relacionada con las clasificaciones, alcances y formas de los diferentes manuales de tarifas que existen en el país, se ha venido discutiendo la “capacidad pagadora” que éstos ofrecen, razón por la que gran parte del sector ha venido emplazando al gobierno para que intervenga en esa oferta. En el mercado de salud, el Manual del ISS se ha impuesto como estándar en las contrataciones en casi todo el sistema, pues el Manual SOAT que era obligatorio para las contrataciones de toda la red pública, no lo fue más, por petición insistente de los mismos directivos de las Empresas Sociales del Estado -ESE- a la entonces Ministra de Salud Sara Ordóñez, debido a que según ellos, al tener la obligación de contratar por las tarifas del SOAT no podían competir adecuadamente; así que el Ministerio en la siguiente modificación que hizo al decreto 2423, retiró el enunciado que obligaba a contratar a la red pública solo por su intermedio.
Las negociaciones entre aseguradores y prestadores en estos últimos 10 años, se han matizado por cuatro condiciones básicas: la imperiosa necesidad de cada uno de los actores del sistema por ser viables económicamente, el ánimo de algunos aseguradores por obtener tarifas cada vez más bajas, el ánimo de muchos prestadores de servicios para sacar con tarifas cada vez más exiguas a su competencia y, la nula vigilancia del gobierno en este aspecto. Como consecuencia, el sector se ha trenzado en una espiral descendente de precios, con escasas consideraciones por la calidad, el servicio, la viabilidad económica, la preocupación por el estado de salud de sus gentes, la actualización tecnológica y el mantenimiento de estándares técnico-científicos de sus profesionales.
Preocupación por propuesta oficial de tarifas mínimas
Ante la presión generada por la Ley del Plan de Desarrollo -Ley 812 de 2003, artículo 42-, las discusiones del proyecto 052 en el Congreso de la República y las propuestas de algunos gremios para fijar tarifas de venta de servicios de salud, el Ministerio de la Protección Social puso a consideración hace poco en su página web (www.minproteccionsocial.gov.co), una propuesta denominada Manual de Tarifas Mínimas de Procedimientos de Salud.
De acuerdo con sus funcionarios, se ha tratado de modificar el universo tarifario de acuerdo con las propuestas que han recibido, sin alterar el equilibrio de la UPC y con el ánimo de proteger a las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS).
En otras palabras, al no ser posible modificar el valor total de la canasta de recursos del Sistema, un incremento de tarifas resulta utópico, logrando sólo una reacomodación de tarifas a favor de unas especialidades médicas con detrimento de otras y el mejoramiento del pago de unos servicios por el empobrecimiento de otros.
El Manual propuesto, carece del articulado que impone condiciones, alcances y limitaciones, exponiendo solamente un listado de precios. Solo con esa información, no hay manera de saber qué reglas y condiciones afectan secundariamente los precios estipulados. En ese escenario, el Manual de Tarifas Mínimas propuesto no es evaluable, debido a que no contiene todos los componentes necesarios para constituirlo como Manual Tarifario. Erróneamente, se ha creído [por muchos en el sector] que la fijación de precios y tarifas es lo más relevante para un manual que medie la relación contractual entre aseguradores y prestadores; nuestra tesis apunta a que una buena tarifa en cualquier manual puede ser pésima, si los alcances y las reglas que la condicionan en sus demás componentes no son claros, conclusión que por demás se ha venido haciendo evidente en los últimos tres años, dentro del proyecto asociativo entre aseguradores y prestadores, “La Llave”.
Arriesgándose a evaluar el contenido de la propuesta -y a sabiendas de que es incompleta- la inquietud es enorme, pues las tarifas que se exponen en muchos de sus apartes retan el más cuerdo de los cálculos. Varios ejemplos ilustran la afirmación: para el caso de Laboratorio Clínico, una prueba de linfocitos CD3, CD4 y CD8 -pruebas básicas para el control del VIH - sida-, el precio no supera los $50.000, cuando solamente el reactivo comprado por volúmenes cuesta entre $70.000 y $80.000; para el caso de algunas vacunas se definen precios cercanos a $2.000, con los que no hay manera de pagar el biológico, mucho menos la cadena de frío o a los profesionales que deben suministrarla; para el caso de algunos procedimientos renales, la rebaja de precio es abrumadora, pues los reduce algunos veces hasta en un 48%.
Los intentos por lograr un Manual Tarifario para el pago de los servicios en el POS, terminaron en una propuesta que pone en riesgo la viabilidad de muchos en el sistema de salud. La aprobación de un Manual de Tarifas Mínimas en semejantes condiciones marcaría un error de proporciones mayúsculas: sería como asistir a una “fiesta de no cumpleaños”.
El sistema de salud debe buscar los puntos de equilibrio para llegar a su madurez. No podemos querer tener toda una cadena productiva de salud, competitiva, eficiente y tecnológicamente moderna, si el pago por los servicios está por debajo de los costos de producción o sólo permite su escaso cubrimiento. En un mercado como el nuestro, sería deseable que las tarifas de prestación de servicios promovieran niveles óptimos de eficiencia, mantuvieran estándares adecuados de calidad y servicio. La propuesta del Manual de Tarifas Mínimas para la Prestación de Servicios de Salud a la que nos hemos referido, me parece, va en contravía de esas premisas y afectaría negativamente a todos en el Sistema.
Como lo ha demostrado el reciente ejemplo del fatídico accidente de la West Caribbean, se tienen que revisar las llamadas “low cost airlines”, las cuales en muchos casos sacrifican estándares, seguridad y mantenimiento, para ofrecer una fachada de servicio aparentemente bueno, pero que como hemos visto, también puede ofrecer resultados terribles. Es urgente hacer una aguda revisión de la extrusión de costos a la que están sometidos en particular los prestadores de servicios de salud, no sea que se impongan en el Sistema General de Seguridad Social en Salud -SGSSS- las “low cost IPS”, que mantienen sus puertas abiertas y consiguen contratos, sacrificando calidad, viabilidad, salud y vidas, estancando el desarrollo técnico-científico y la competitividad.
Al prestador de servicios de salud, las tarifas deben compensarle suficientemente bien sus procesos de calidad y eficiencia. La aplicación de compra de servicios en condiciones que no les permitan sufragar los costos y disponer de márgenes para adecuación tecnológica y desarrollo de programas de calidad, los condena irremediablemente al fracaso; en el caso de los profesionales de salud, les niega la necesidad y el derecho a capacitarse. Para completar el cuadro, los proveedores de tecnologías de salud no podrían operar en un mercado estancado, y el recambio tecnológico se convertiría en una quimera mediada por oportunistas y mercaderes de chatarra, marañas y remiendos.
La compra de servicios de salud por debajo de una media razonable estimula la conformación de IPS poco fiables, las cuales difícilmente garantizan idoneidad y estándares de eficiencia “real”. Parodiando al novelista Jaime Sanín Echeverri, esas “IPS de 4 en conducta” son las que tendrían mayores posibilidades en el mercado, sacando a las de prácticas médicas de excelencia. En el mediano plazo, es de los peores negocios que el Sistema podría hacer.
Por otro lado, en un escenario de “tarifas mínimas” como el propuesto, por efectos de la dinámica del mercado, por la competencia que existe en el medio, y por la cruda realidad de la supervivencia, esas tarifas se convertirán de seguro en “tarifas máximas”, en techos de negociación, por varias razones: A) Los aseguradores buscarían la acomodación que legítimamente más les conviniera y tratarían de minimizar impactos negativos en su estructura de costos para evitar una explosión en sus balances. B) Los prestadores como por variar, recurrirán a todas las alternativas posibles para no perder sus flujos de caja y mantener a sus clientes, o para “esquilarle” el cliente al vecino, y entonces ofrecerán “docenas de dieciocho”, descuentos financieros, descuentos comerciales, descuentos por pronto pago, descuentos por paquetes, en fin, descuentos sobre los descuentos. C) No se puede olvidar, que el Estado no puede “romper” a sus principales pagadores, como lo son el Fosyga, los entes territoriales, sus EPS y ARS públicas, que ante un escenario de tarifas incrementadas de novo, tendrían que hacer todo tipo de esfuerzos para poder mantenerse.
Parece inverosímil que los intentos por lograr un Manual Tarifario para el pago de los servicios de salud en el Plan Obligatorio de Servicios de Salud -POS, hayan terminado en una propuesta que pone en riesgo la viabilidad de muchos en el sistema de salud. La aprobación de un Manual de Tarifas Mínimas en semejantes condiciones marcaría un error de proporciones mayúsculas: sería como asistir a una “fiesta de no cumpleaños” .
 
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