MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 237 JUNIO DEL AÑO 2018 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com
H ay palabras que enseñan. Hay sabiduría que se transmite con el ejemplo. Hay principios que deben perdurar. Hay colombianos dignos de imitar. El discurso de posesión del doctor Augusto Sarmiento como miembro honorario de la Academia Americana de Ortopedia, hace más de 20 años, llamaba la atención sobre un fenómeno que se ha extendido, como él lo preveía, a toda Latinoamérica. Transcribimos algunos apartes debido a su vigencia y necesidad para corregir rumbos del quehacer de la medicina y los sistemas de salud.
Augusto Sarmiento Rosillo ortopedista, nacido en 1927 en Bucaramanga, es el primer colombiano presidente de la Academia Americana de Ortopedia. Pionero de los trasplantes de cadera. Director de Rehabilitación del Jackson Memorial, profesor y director del Departamento de Ortopedia y Rehabilitación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, Jefe de Ortopedia del Hospital General de Los Ángeles, Director del Departamento de Ortopedia y Traumatología del Health Care International de Escocia. Reconocido en el Hall de la Fama en Ortopedia (Estados Unidos), ganador del premio Kappa Delta, y Cruz de Boyacá.
Por: Augusto Sarmiento Rosillo
En la actualidad en Estados Unidos hay una preocupación dentro de la profesión médica en torno a la economía cambiante de la medicina. Los reembolsos por servicios prestados por médicos siguen bajando; la práctica médica se encuentra controlada cada vez más por Organizaciones de Salud; demandas contra médicos, siguen creciendo y las pólizas de seguro de mala práctica escalan a diario.
La profesión médica está encontrando cada vez más difícil ignorar el hecho de que el país vecino, Canadá, ha logrado con éxito crear un sistema gubernamental de cubrimiento de salud que la gran mayoría de sus ciudadanos considera satisfactorio. Lo mismo es cierto para muchos países europeos, incluyendo al Reino Unido, que representa a los ojos americanos, el ejemplo menos aceptable de un buen sistema socializado. Por otro lado, un gran porcentaje de americanos se muestra insatisfecho con su sistema actual, aun cuando son conscientes del hecho de que los Estados Unidos puede proveer el cuidado médico más avanzado del mundo.
Yo preveo un sistema de salud universal manejado por el gobierno, con pagador único. Un sistema similar al canadiense o al alemán. Estoy convencido que el sistema presente ha fallado, y que no hay probabilidades de que se pueda mejorar. Todo lo contrario. Cada día que pasa demuestra un deterioro progresivo. 45 millones de americanos que viven sin seguro de salud, así como de otros varios millones subasegurados, no se puede justificar, y menos tolerar en un país tan rico como los Estados Unidos. Una solución a esta injusticia social, se ha convertido en una imperativa moral Kantiana.
Quisiera identificar dos puntos cruciales y de gran importancia porque llevan potencialmente efectos amargos y dañinos. La creciente pérdida de profesionalismo en las filas médicas, y el control rápido de la educación médica por parte de las industrias farmacéuticas y de implantes quirúrgicos.
Históricamente, y con razón, hemos sido orgullosos de que nuestros estándares éticos y morales eran los más altos entre otras profesiones. Esta percepción y realidad hizo a los médicos miembros respetados y confiables de la sociedad. Nos hemos erigido como importantes pilares de la comunidad y hemos sido llamados a aportar liderazgo en momentos de paz y prosperidad, así como en tiempos de crisis.
Los médicos ya no gozan del mismo grado de confianza que tenían. Muchos pacientes ven al médico como un hombre de negocios buscando oportunidades de enriquecimiento personal a expensas de aquellos que necesitan sus servicios. En gran medida están en lo cierto. Los médicos, por ejemplo, durante mucho tiempo consideraron inapropiado mercadear sus servicios de la manera en que el comercio mercadea sus productos. Hoy, la publicidad y el mercadeo dentro de la medicina ha alcanzado niveles obscenos. Se hace a través de todos los medios, sean periódicos o revistas, radio o televisión. Declaraciones de logros exagerados o no probados se hacen impunemente. El público que sospecha y sabe, reacciona manifestando dudas acerca de las acciones y discursos de sus médicos. Ellos saben que con el propósito de tener un mejor provecho económico, muchos médicos recomiendan exámenes diagnósticos e inician tratamientos que son innecesarios, al igual que solicitan valoraciones por otras especialidades con el único propósito de ser consultados recíprocamente en el futuro. Son conscientes del abuso de las cirugías así como de la práctica de procedimientos cuestionables aún no probados.
El público ha aprendido que la industria farmacéutica se ha lucrado de manera espectacular y sin precedentes al cobrar cantidades de dinero desmedidas por medicamentos e implantes quirúrgicos, y que han manipulado la profesión médica al bañar a sus miembros con toda suerte de regalos y entretenimientos. A través de los medios de publicidad han aprendido que la industria farmacéutica y de implantes quirúrgicos invierte 15 billones de dólares anuales en los Estados Unidos únicamente, sirviendo a los médicos. Esto es suficiente para incitar sospechas acerca de nuestras acciones y recomendaciones.
Los días en que estos estudios se hacían bajo la responsabilidad de médicos, conducidos independientemente y usualmente dentro de escuelas de medicina, o por médicos del sector privado que gozaran de buena reputación y ética, están pasando. Las determinaciones del valor de productos y desarrollos nuevos solían venir de miembros de la profesión médica. Hoy, las aprendemos de la industria, con frecuencia de manera distorsionada y sesgada. Informaciones recientes han mostrado que los estudios de investigación patrocinados por la Industria usualmente reportan resultados engañosos.
La educación médica está controlada por la industria farmacéutica. Instituciones como escuelas de medicina, organizaciones locales, regionales e internacionales parecen haber llegado a la conclusión de que la educación continuada no se puede conducir sin el subsidio de la Industria. La industria no falló en reconocer el potencial del mercado Latinoamericano. Actualmente cientos de ortopedistas son patrocinados por la industria para atender y obtener alojamiento y transporte en cursos en los Estados Unidos. No hay nada de malo en esta pretendida generosidad, de no ser por las expectativas de mayor uso de productos de la compañía patrocinadora y la aceptación de comisiones por parte de los cirujanos.
La crítica es basada en el hecho de que el contenido de los programas es designado por la industria, y los conferencistas son también seleccionados por ellos. Este es el método que le ha permitido a la industria el controlar la educación del médico. El propósito de las conferencias es simplemente aumentar las ventas de los productos.
Se puede decir que la educación continuada del médico está bajo el control de la Industria, y que está estructurada para satisfacer sus necesidades comerciales. Hecho que ha contribuido a la pérdida de profesionalismo. Es probable que América Latina, así como otras áreas del mundo confronten ya los mismos desarrollos ominosos que amenazan la integridad de nuestra profesión. Es más fácil prevenir algunos problemas antes que corregirlos una vez se hayan encarnado en nuestra sociedad e identidad nacional.
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