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Salud y economía,
un sinónimo trágico para la América
Latina
Omaira
Arbeláez Echeverri - Periodista, Medellín elpulso@elhospital.org.co
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El 80% de los trabajadores del mundo no
tienen, según la OIT, una protección social
adecuada o carecen por completo de ella. El 25% de la población
latinoamericana no tiene ninguna protección en salud.
Sin embargo, el mercado de la salud es próspero, altamente
rentable y, por ende, muy atractivo para inversión
extranjera.
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El dinero que los gobiernos, empresarios y ciudadanos latinoamericanos
invertían en salud hasta finales de la década
de los 80´s, pasó de los hospitales y las campañas
de salud pública, a incrementar las ganancias del sector
financiero. Tal vez, esta situación no escandalice en
pleno Siglo XXI a nadie, por aquello de la globalización
de la economía y el vasto imperio del neoliberalismo
y la privatización, más para los sectores sociales
estos hechos sí han significado una tragedia. Así
lo evidencian cifras del Banco Mundial, cuando revela que se
pasó de 200 millones de pobres en el planeta en las décadas
de los 60´s y 70´s a 2.000 millones al iniciar los
90´s.
Con nombres diferentes a la Ley 100 en Salud, como sucede en
Colombia, cada país latinoamericano adoptó su
propia reforma, en su mayoría en la década del
90´s (Chile 1981, México 1988), con una serie de
cambios estructurales y de prioridades en la inversión
social, en los cuales con el paso del tiempo ésta última
resultó rezagada a favor del pago de la creciente deuda
externa. La misma que ha llevado a la quiebra a empresas nacionales
y ha arrastrado consigo a crisis económicas aleves a
los Estados, socavando desde las economías rusas y de
los trigres asiáticos, hasta las latinoamericanas como
bien lo saben México, Brasil, Ecuador y más recientemente
Argentina y Uruguay.
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Por
esta razón no es extraño ver cómo entidades
ajenas al sector salud, como el Fondo Monetario Internacional
(FMI) o el Banco Mundial (BM), entidades con intereses netamente
financieros, trazan derroteros a los países en materias
que le son ajenas como la salud, que involucran adicionalmente
reformas laborales, pensionales y tributarias, como otras de
las tantas condiciones para otorgarles préstamos o renegociar
las deudas a los países a quienes hacen créditos,
que se pagan con puntos dolarizados del Producto Interno Bruto
(PIB) de cada Nación y que terminan restándole
recursos a la inversión social, no sólo en salud,
sino también en educación, agro y desarrollo cultural.
En Colombia, por ejemplo, la deuda externa alcanza los US$107
billones, más en este cuatrienio se espera desembolsar
préstamos por US$9.000 millones con el Banco Mundial,
el BID y la Corporación Andina de Fomento, así
que en el pago de la misma se va más del 47% del PIB.
El contralor general de la República, Antonio Hernández
Gamarra, decía por ello al diario El Espectador, que
"el problema de la deuda tiene que ver con su tamaño,
con su ritmo de crecimiento y con su composición. El
tamaño de hoy en día de la deuda es $107 billones,
lo cual genera $9,8 billones de intereses. Ese es el primer
problema que tenemos, una deuda muy grande. En segundo lugar
está la dinámica. A fines de 1998 debíamos
$31,2 billones y hoy más de $100 billones. A ese ritmo
se vuelve inmanejable". Y explica como "el presupuesto
de este año en ingresos tiene $35,2 billones y cuando
usted suma los intereses de la deuda, que son $9,8 billones,
y las transferencias obligatorias, que llegan a $26 billones,
ya se ha gastado toda la plata".
En 1997 el diario francés Le Monde Diplomatique así
lo analizaba: "La deuda mundial (comprendiendo las empresas,
los gobiernos y las administraciones) ha sobrepasado los 33,100
miles de millones de dólares, es decir, 130% del PIB
mundial, y crece a una tasa del 6% al 8% por año, más
de 4 veces el crecimiento del PIB mundial", y como es de
esperar, esas deudas causan el deterioro real en la calidad
de vida de la gente, puesto que disminuye no sólo la
hoy pírrica redistribución de los ingresos, sino
las posibilidades de empleo, la prevención y atención
en salud de los pobladores y, por ende, incrementa los índices
de pobreza que hoy reconoce el propio Banco Mundial. Así
lo manifestó en Washington, en enero de 2002, James D.
Wolfensohn, Presidente del Grupo del Banco Mundial: "a
quienes todavía creen que podemos ignorar y solucionar
con paños de agua tibia las dificultades del 20% de la
población mundial que vive en extrema pobreza, les digo:
analicen las causas de los eventos del 11 de septiembre".
Crisis en América Latina
La preocupación no era vana; datos de la ONU demostraban
que en 1980 había 25 países absolutamente pobres
y para el 2001 la cifra llegó a 49, casi el doble, según
el propio Secretario General, Kofi Annan. Más el problema
de la deuda externa y la pobreza tiene una conexión alarmante
con la política de mercado que maneja hoy el sector salud
en América Latina, no en vano sobreviven más de
200 millones de latinos en pobreza crítica y un 25% de
nuestra población está totalmente desprotegida
en salud.
En Méjico, por ejemplo, el ministro de esta cartera,
Julio Frenk, asegura que la salud moviliza anualmente US$23.000
millones en el mercado, y por ello no faltan los críticos
que le piden darle "más salud a ese dinero"
como el docente e investigador Gustavo Leal Fernández,
adscrito a la División de Ciencias Biológicas
y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana
Xochimilco, quien no duda en criticarle al ministro Frenk "su
apoyo irrestricto a la regresiva e impopular Reforma Fiscal
que le diseñara al foxismo el Banco Mundial" y para
completar que el propio ministro le sumara la idea de "pagar
IVA por los medicamentos".
Leal Fernández, en su documento "Salud: Cinco Estaciones
de una Política Abandonada", cuestiona así
el modelo de Pluralismo Estructurado desarrollado en Méjico,
que sostiene pretensiones mercadotécnicas bajo falsos
supuestos de "humanismo moderno" y lenguajes tecnocráticos,
como aquellos del ministro Frenk cuando afirma que "la
salud de los mejicanos es uno de los activos más valiosos
del país, por lo que se buscará crear un blindaje
sanitario, pues los inversionistas prefieren lugares donde no
haya cólera ni paludismo".
El médico Álvaro Franco, salubrista, investigador
y autor del artículo "Sistemas Previsionales, Salud
y Reformas en América Latina", en el cual explica
el desarrollo de las reformas en la región como consecuencia
de los ajustes acordados entre los gobiernos y el FMI, sostiene
que al irrumpir con fuerza el modelo de mercado, se aconseja
a los países "debatir aún más algunas
estrategias basadas en el mercado público, en la atención
gerenciada y el empoderamiento". Reitera que "será
importante cuidarse de la transnacionalización de los
servicios de salud, perjudicial para las comunidades, el sistema
de salud y para las posibilidades de trabajo de los profesionales
de la salud", y que demanda debatir más a fondo
la propuesta de los cuasimercados (mercados artificiales), puesto
que "una de sus estrategias para instrumentar el componente
público y la atención médica especializada,
es a través de la acción privada" (Informe
Cepal 2000).
¿Ojo avizor?
El médico salubrista sostiene que el capital financiero
internacional está penetrando Latinoamérica a
través de empresas de seguros extranjeras (estadounidenses
y europeas) o mediante la colocación de fondos propios
de salud o pensiones en cualquier sector de alta rentabilidad
económica, expandiendo así sus negocios en seguridad
social y atención de salud pública en la región,
fuera de establecer asociación o alianzas estratégicas
entre empresas nacionales y transnacionales de seguros.
Alerta sobre cómo la "transnacionalización
del sector salud se acompaña de exigencias a los países
y a las empresas nacionales (también a las del sector
social) acerca de la reducción de costos de producción
y de flexibilización del mercado laboral; de manera similar,
se recomienda el equilibrio financiero en los sistemas de salud
y pensiones, la auto-responsabilidad en la pro-tección
de la salud, para ampliar los mercados: como en el caso de las
"Obras Sociales" argentinas o de las EPS (Entidades
Promotoras de Salud) colombianas".
Al respecto es interesante analizar un informe de enero de 2003
de la revista Semana, que revela como la IFC, Corporación
Financiera del Banco Mundial, "está convirtiéndose
en el principal aliado de los grupos económicos y las
empresas colombianas", no sólo como prestamista,
así como lo hizo con ISA al otorgarle un crédito
por US$29 millones para costear su operación en Perú,
sino como inversionista. Ahora, está presente en el Grupo
Empresarial Antioqueño y sus 126 empresas, entre ellas
Suramericana de Inversiones, la holding que reúne las
compañías de servicios financieros y de seguros;
también entró como inversionista en el Banco Caja
Social, en Davivienda, en Corfinsura, Protección S.A.,
fuera de Bavaria, la Nacional de Chocolates, Cementos Argos,
Suleasing, Surenting, la Triple A de Barranquilla, la petrolera
Omimex, el Ingenio Riopaila, Corfivalle o Corficolombiana y
la Titularizadora Colombiana.
El propio representante de la IFC para la región Andina,
Paolo Martelli, reconocía como en "menos de dos
años pasamos de tener un portafolio de US$90 millones
de dólares a uno de US$530 millones", aunque la
entidad está en el país desde los años
60.
Entonces quedan en el ambiente las últimas palabras del
premio Nóbel de Economía 2001, Joseph Stiglitz,
en su reciente visita al país (marzo 7 de 2003), quien
se mostró muy alarmado porque en el marco latinoamericano
es Colombia el país donde la pobreza ha crecido con mayor
fuerza desde 1996 y donde se vive la peor inequidad en la redistribución
de la riqueza, después de Brasil. Por eso sus recomendaciones
fueron: regular los mercados, equilibrar la política
macroeconómica -no centrada en la inflación-,
limitar la deuda externa e incentivar la inversión interna
y las exportaciones y, muy especialmente, algo que aprendió
de las crisis económicas mundiales que le tocó
sortear: "no separar la economía de los problemas
sociales".
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Reformas por país
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| En
América Latina las reformas ya se han aplicado y seguirán
aplicándose según las presiones de la globalización
económica y la resistencia que a ellas hacen los habitantes
de cada Nación. Recogiendo ese resultado y para obtener
una breve radiografía de lo que acontece en América
Latina, publicamos el análisis que hace el médico
salubrista colombiano Álvaro Franco sobre los núcleos
desarrollados en algunos países: "Argentina: Transformación
de las "obras sociales", la libre elección,
unificación de afiliación y contribución
al Seguro Nacional de Salud. Brasil: Unificación del
Sistema (Sistema Único de Salud, servicios públicos
más servicios de la seguridad social). Tiene indefinición
de funciones. Regulación del sector privado (es muy alto
en atención hospitalaria). Chile: Sistema de Salud dual,
con distintas lógicas y propietarios, sin competencia.
Lógica pública de reparto, privado por riesgos
individuales. Busca hoy, reforzar el sector público.
Introduce cuasimercados, separar funciones de FONASA, Minsalud
y Servicios; mediciones de desempeño (eficiencia micro).
Colombia: Descentralización del gasto. Competencia regulada.
Sistema de Seguridad Social Integral y Solidario. Transición
del subsidio a la oferta al subsidio a la demanda. Costa Rica:
Sistema Integrado (no estratificado). Separación de funciones:
Ministerio (rector y promotor), la Caja del S.S. (actividades
operativas). Impulso de equipos básicos de atención
integral en salud. Gerencia hospitalaria y desempeño.
Sistema Nacional de Evaluación. Países de habla
Inglesa-Caribe: Sistemas públicos fuertes e integrados.
Seguro Nacional de Salud". |
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información... |
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China / Reformar la salud: un reto
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