MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 55   ABRIL DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Salud y economía, un “sinónimo” trágico para la América Latina
Omaira Arbeláez Echeverri - Periodista, Medellín elpulso@elhospital.org.co

El 80% de los trabajadores del mundo no tienen, según la OIT, una protección social adecuada o carecen por completo de ella. El 25% de la población latinoamericana no tiene ninguna protección en salud. Sin embargo, el mercado de la salud es próspero, altamente rentable y, por ende, muy atractivo para inversión extranjera.
. El dinero que los gobiernos, empresarios y ciudadanos latinoamericanos invertían en salud hasta finales de la década de los 80´s, pasó de los hospitales y las campañas de salud pública, a incrementar las ganancias del sector financiero. Tal vez, esta situación no escandalice en pleno Siglo XXI a nadie, por aquello de la globalización de la economía y el vasto imperio del neoliberalismo y la privatización, más para los sectores sociales estos hechos sí han significado una tragedia. Así lo evidencian cifras del Banco Mundial, cuando revela que se pasó de 200 millones de pobres en el planeta en las décadas de los 60´s y 70´s a 2.000 millones al iniciar los 90´s.
Con nombres diferentes a la Ley 100 en Salud, como sucede en Colombia, cada país latinoamericano adoptó su propia reforma, en su mayoría en la década del 90´s (Chile 1981, México 1988), con una serie de cambios estructurales y de prioridades en la inversión social, en los cuales con el paso del tiempo ésta última resultó rezagada a favor del pago de la creciente deuda externa. La misma que ha llevado a la quiebra a empresas nacionales y ha arrastrado consigo a crisis económicas aleves a los Estados, socavando desde las economías rusas y de los trigres asiáticos, hasta las latinoamericanas como bien lo saben México, Brasil, Ecuador y más recientemente Argentina y Uruguay.
Por esta razón no es extraño ver cómo entidades ajenas al sector salud, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), entidades con intereses netamente financieros, trazan derroteros a los países en materias que le son ajenas como la salud, que involucran adicionalmente reformas laborales, pensionales y tributarias, como otras de las tantas condiciones para otorgarles préstamos o renegociar las deudas a los países a quienes hacen créditos, que se pagan con puntos dolarizados del Producto Interno Bruto (PIB) de cada Nación y que terminan restándole recursos a la inversión social, no sólo en salud, sino también en educación, agro y desarrollo cultural.
En Colombia, por ejemplo, la deuda externa alcanza los US$107 billones, más en este cuatrienio se espera desembolsar préstamos por US$9.000 millones con el Banco Mundial, el BID y la Corporación Andina de Fomento, así que en el pago de la misma se va más del 47% del PIB. El contralor general de la República, Antonio Hernández Gamarra, decía por ello al diario El Espectador, que "el problema de la deuda tiene que ver con su tamaño, con su ritmo de crecimiento y con su composición. El tamaño de hoy en día de la deuda es $107 billones, lo cual genera $9,8 billones de intereses. Ese es el primer problema que tenemos, una deuda muy grande. En segundo lugar está la dinámica. A fines de 1998 debíamos $31,2 billones y hoy más de $100 billones. A ese ritmo se vuelve inmanejable". Y explica como "el presupuesto de este año en ingresos tiene $35,2 billones y cuando usted suma los intereses de la deuda, que son $9,8 billones, y las transferencias obligatorias, que llegan a $26 billones, ya se ha gastado toda la plata".
En 1997 el diario francés Le Monde Diplomatique así lo analizaba: "La deuda mundial (comprendiendo las empresas, los gobiernos y las administraciones) ha sobrepasado los 33,100 miles de millones de dólares, es decir, 130% del PIB mundial, y crece a una tasa del 6% al 8% por año, más de 4 veces el crecimiento del PIB mundial", y como es de esperar, esas deudas causan el deterioro real en la calidad de vida de la gente, puesto que disminuye no sólo la hoy pírrica redistribución de los ingresos, sino las posibilidades de empleo, la prevención y atención en salud de los pobladores y, por ende, incrementa los índices de pobreza que hoy reconoce el propio Banco Mundial. Así lo manifestó en Washington, en enero de 2002, James D. Wolfensohn, Presidente del Grupo del Banco Mundial: "a quienes todavía creen que podemos ignorar y solucionar con paños de agua tibia las dificultades del 20% de la población mundial que vive en extrema pobreza, les digo: analicen las causas de los eventos del 11 de septiembre".
Crisis en América Latina
La preocupación no era vana; datos de la ONU demostraban que en 1980 había 25 países absolutamente pobres y para el 2001 la cifra llegó a 49, casi el doble, según el propio Secretario General, Kofi Annan. Más el problema de la deuda externa y la pobreza tiene una conexión alarmante con la política de mercado que maneja hoy el sector salud en América Latina, no en vano sobreviven más de 200 millones de latinos en pobreza crítica y un 25% de nuestra población está totalmente desprotegida en salud.
En Méjico, por ejemplo, el ministro de esta cartera, Julio Frenk, asegura que la salud moviliza anualmente US$23.000 millones en el mercado, y por ello no faltan los críticos que le piden darle "más salud a ese dinero" como el docente e investigador Gustavo Leal Fernández, adscrito a la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, quien no duda en criticarle al ministro Frenk "su apoyo irrestricto a la regresiva e impopular Reforma Fiscal que le diseñara al foxismo el Banco Mundial" y para completar que el propio ministro le sumara la idea de "pagar IVA por los medicamentos".
Leal Fernández, en su documento "Salud: Cinco Estaciones de una Política Abandonada", cuestiona así el modelo de Pluralismo Estructurado desarrollado en Méjico, que sostiene pretensiones mercadotécnicas bajo falsos supuestos de "humanismo moderno" y lenguajes tecnocráticos, como aquellos del ministro Frenk cuando afirma que "la salud de los mejicanos es uno de los activos más valiosos del país, por lo que se buscará crear un blindaje sanitario, pues los inversionistas prefieren lugares donde no haya cólera ni paludismo".
El médico Álvaro Franco, salubrista, investigador y autor del artículo "Sistemas Previsionales, Salud y Reformas en América Latina", en el cual explica el desarrollo de las reformas en la región como consecuencia de los ajustes acordados entre los gobiernos y el FMI, sostiene que al irrumpir con fuerza el modelo de mercado, se aconseja a los países "debatir aún más algunas estrategias basadas en el mercado público, en la atención gerenciada y el empoderamiento". Reitera que "será importante cuidarse de la transnacionalización de los servicios de salud, perjudicial para las comunidades, el sistema de salud y para las posibilidades de trabajo de los profesionales de la salud", y que demanda debatir más a fondo la propuesta de los cuasimercados (mercados artificiales), puesto que "una de sus estrategias para instrumentar el componente público y la atención médica especializada, es a través de la acción privada" (Informe Cepal 2000).
¿Ojo avizor?
El médico salubrista sostiene que el capital financiero internacional está penetrando Latinoamérica a través de empresas de seguros extranjeras (estadounidenses y europeas) o mediante la colocación de fondos propios de salud o pensiones en cualquier sector de alta rentabilidad económica, expandiendo así sus negocios en seguridad social y atención de salud pública en la región, fuera de establecer asociación o alianzas estratégicas entre empresas nacionales y transnacionales de seguros.
Alerta sobre cómo la "transnacionalización del sector salud se acompaña de exigencias a los países y a las empresas nacionales (también a las del sector social) acerca de la reducción de costos de producción y de flexibilización del mercado laboral; de manera similar, se recomienda el equilibrio financiero en los sistemas de salud y pensiones, la auto-responsabilidad en la pro-tección de la salud, para ampliar los mercados: como en el caso de las "Obras Sociales" argentinas o de las EPS (Entidades Promotoras de Salud) colombianas".
Al respecto es interesante analizar un informe de enero de 2003 de la revista Semana, que revela como la IFC, Corporación Financiera del Banco Mundial, "está convirtiéndose en el principal aliado de los grupos económicos y las empresas colombianas", no sólo como prestamista, así como lo hizo con ISA al otorgarle un crédito por US$29 millones para costear su operación en Perú, sino como inversionista. Ahora, está presente en el Grupo Empresarial Antioqueño y sus 126 empresas, entre ellas Suramericana de Inversiones, la holding que reúne las compañías de servicios financieros y de seguros; también entró como inversionista en el Banco Caja Social, en Davivienda, en Corfinsura, Protección S.A., fuera de Bavaria, la Nacional de Chocolates, Cementos Argos, Suleasing, Surenting, la Triple A de Barranquilla, la petrolera Omimex, el Ingenio Riopaila, Corfivalle o Corficolombiana y la Titularizadora Colombiana.
El propio representante de la IFC para la región Andina, Paolo Martelli, reconocía como en "menos de dos años pasamos de tener un portafolio de US$90 millones de dólares a uno de US$530 millones", aunque la entidad está en el país desde los años 60.
Entonces quedan en el ambiente las últimas palabras del premio Nóbel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, en su reciente visita al país (marzo 7 de 2003), quien se mostró muy alarmado porque en el marco latinoamericano es Colombia el país donde la pobreza ha crecido con mayor fuerza desde 1996 y donde se vive la peor inequidad en la redistribución de la riqueza, después de Brasil. Por eso sus recomendaciones fueron: regular los mercados, equilibrar la política macroeconómica -no centrada en la inflación-, limitar la deuda externa e incentivar la inversión interna y las exportaciones y, muy especialmente, algo que aprendió de las crisis económicas mundiales que le tocó sortear: "no separar la economía de los problemas sociales".
Reformas por país
En América Latina las reformas ya se han aplicado y seguirán aplicándose según las presiones de la globalización económica y la resistencia que a ellas hacen los habitantes de cada Nación. Recogiendo ese resultado y para obtener una breve radiografía de lo que acontece en América Latina, publicamos el análisis que hace el médico salubrista colombiano Álvaro Franco sobre los núcleos desarrollados en algunos países: "Argentina: Transformación de las "obras sociales", la libre elección, unificación de afiliación y contribución al Seguro Nacional de Salud. Brasil: Unificación del Sistema (Sistema Único de Salud, servicios públicos más servicios de la seguridad social). Tiene indefinición de funciones. Regulación del sector privado (es muy alto en atención hospitalaria). Chile: Sistema de Salud dual, con distintas lógicas y propietarios, sin competencia. Lógica pública de reparto, privado por riesgos individuales. Busca hoy, reforzar el sector público. Introduce cuasimercados, separar funciones de FONASA, Minsalud y Servicios; mediciones de desempeño (eficiencia micro). Colombia: Descentralización del gasto. Competencia regulada. Sistema de Seguridad Social Integral y Solidario. Transición del subsidio a la oferta al subsidio a la demanda. Costa Rica: Sistema Integrado (no estratificado). Separación de funciones: Ministerio (rector y promotor), la Caja del S.S. (actividades operativas). Impulso de equipos básicos de atención integral en salud. Gerencia hospitalaria y desempeño. Sistema Nacional de Evaluación. Países de habla Inglesa-Caribe: Sistemas públicos fuertes e integrados. Seguro Nacional de Salud".
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