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senderos del mercadeo, el derecho económico, la administración
y la gerencia de los recursos humanos, y terminó trabajando
como asesor del gobierno en los gabinetes de Salud y Planeación,
en los medios de comunicación como RCN Radio y El Tiempo
y como consultor de la OPS y la Unicef, entre otras actividades.
Palacio Betancourt, a sus 42 años, casado con una mujer
española, Monserrat Fernández, padre de un chico
y oriundo de Armenia, no ha cesado en su empeño académico
y afirma que su orientación profesional está
encaminada por los rumbos de la política y el desarrollo
social, lo que a su juicio hace compatible su formación
intelectual con la toma de las riendas de las carteras de
Salud y Trabajo, que ahora fusionadas se conocen como el Ministerio
de la Protección Social. Más sobre su imagen
y sin ningún recato, se impuso la sombra del ministro
Londoño como un ser irremplazable, lo que hacía
incómodo para cualquiera asumir el mando del nuevo
Ministerio.
Sin embargo, como lo reconoce la propia madre del fallecido
ministro, Lucía de la Cuesta, muy conocida por su trabajo
con las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) del país,
ella misma le manifestó al presidente Alvaro Uribe
Vélez que "no estaba de acuerdo" y así
se lo dijo: "nadie es irremplazable, unos salen para
que otros lleguen". Afirma la señora que "las
metas se logran si todos ponen voluntad" y lo dice porque
conoce de muchos años atrás a Palacio Betancourt
y asegura que es excepcional y supremamente capaz: "él
ha sido un asesor muy próximo a Juan Luis, conoce todo
lo que pensaba y lo ayudó en muchas cosas porque él
es muy brillante, muy preparado. Tengo el mejor concepto de
él, no pudo haber mejor persona para que reemplazara
a Juan Luis".
Mas para el nuevo ministro en apariencia no hay perturbación
por el peso de esa sombra, porque al fin y al cabo conoce
los planes de esta cartera puesto que él mismo los
ayudó a elaborar y a poner en marcha, así que
ahora, como jefe de la misma, no tiene inconveniente en seguir
los planes trazados, que conoce a la perfección. Por
eso, cuando se le pregunta cuáles son las metas para
este año afirma con seguridad: "Las mismas que
están establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo:
vamos a bajar un 1% la tasa de desempleo, vamos a poner 28
millones de dosis en vacunación, llegando al 95% de
cobertura en todos los municipios, y a ejecutar la reestructuración
de 107 hospitales a escala nacional".
Respecto de la salud pública, asegura que será
una de las áreas más fortalecidas con tareas
perfectamente definibles durante el cuatrienio, en áreas
de trabajo como: prevención de la violencia, vacunación,
salud mental, control de enfermedades infecto-contagiosas
y atención de las enfermedades crónicas.
Líneas fundamentales
Para el ministro Palacio, su objetivo estrella para este año
es centrarse en fortalecer la protección social y mediante
ésta incrementar el empleo, por ello sostiene que se
dedicará a bajar el desempleo como mínimo en
1%, que afiliará a riesgos profesionales a 400.000
nuevos trabajadores y logrará que 500.000 colombianos
tengan acceso al régimen subsidiado de salud.
Cuando el ministro asumió el cargo, el Dane había
reportado un desempleo de 16.1%, así que además
de bajar el desempleo él sabe que para agilizar sus
metas, según los derroteros del gobierno nacional,
tiene que complementar este propósito con cargar en
sus hombros el peso de gestionar la reglamentación
de las reformas laboral y pensional, de continuar con los
diálogos regionales de empleo, de seguir con la capacitación
de la mano de obra con el Sena y de hacer realidad el seguro
de desempleo. En síntesis, seguir adelante con las
políticas de Juan Luis Londoño, lo cual le acarreará
afrontar las críticas y el ojo avizor y veedor de los
trabajadores y los empresarios, aunque Palacio aseveró
que trabajará concertadamente con ambos.
No es de extrañar entonces que cuando juró para
el Ministerio, los medios de comunicación dieran a
la luz también las posiciones de los sindicatos frente
al nuevo jefe de cartera y por su intermedio le pedían
al funcionario que mantuviera abierta las puertas para el
diálogo y la concertación en las políticas
de protección y seguridad social que afectan sus intereses.
Los afiliados a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT),
por ejemplo, manifestaron que esperaban ser tenidos en cuenta
en las decisiones que los afectaran, como los pliegos de peticiones
de los empleados públicos y la contratación
colectiva, y que fuera analizado con seriedad su planteamiento
de no pagar la deuda externa, durante un período de
gracia de dos años (2003-2004), para utilizar estos
recursos en la reactivación de la economía lo
que, a su juicio, realmente sí generaría empleo.
A su turno, los maestros agremiados en la Federación
Colombiana de Educadores (Fecode), también dejaron
oír su voz para expresar su preocupación por
el futuro de su régimen pensional especial y para clamar
porque sus derechos adquiridos fuesen respetados.
Mientras los trabajadores pedían un período
de gracia para el pago de la deuda externa por dos años,
el nuevo ministro días después en el Consejo
Regional de Empleo en Medellín, anunció que
para atacar el desempleo, que según sus datos afecta
a 3 millones de colombianos, el gobierno estaba a la expectativa
de conseguir US$100 millones de dólares con el Banco
Mundial para generar empleo de choque, y que el propósito
era fortalecer este frente con medidas macroeconómicas
que en su criterio facilitarían la creación
de puestos de trabajo en las regiones y que tendría
como base la seguridad democrática, la estabilidad
jurídica, la reforma laboral y la responsabilidad fiscal,
con el fin de meter a Colombia en los cánones de la
economía globalizada.
Durante las disertaciones en el evento, se vislumbró
como el gobierno no había quedado totalmente feliz
con la aprobación de las reformas laboral y pensional
en el Congreso y que buscaba ganar los puntos faltantes con
el referendo, para eliminar así los beneficios en los
regímenes especiales de pensiones, ajustar los términos
de contratación y estabilizar los recursos fiscales,
en el marco de esas medidas macroeconómicas que desea
implementar.
Por sus obras lo conoceréis
El nuevo ministro defendió así con calma y precisión
la visión de su cartera y desde ese punto de vista
reiteró la importancia de tener en cuenta en las políticas
de empleo a los empresarios y los trabajadores, incluyendo
en estos no sólo a los urbanos sino también
a los rurales. Por ello, desde los tiempos de Juan Luis Londoño,
el gobierno destinó un billón de pesos para
promover el papel de empresarios -y no de empleados- y fue
así como se iniciaron las visitas a las regiones. Ahora,
dice el ministro Palacio Betancourt, "nuestra función
no es sólo conversar con la gente, sino llevarle el
gobierno nacional a la gente" y afirma que el Ejecutivo
debe generar mecanismos para responder a las provincias de
manera más integral, cosa que no es fácil pero
sí posible.
En cuanto a los trabajadores rurales, afirma que la idea es
facilitar que el habitante del campo tenga acceso completo
a la protección social. En cuanto a la masa desempleada
y a las alternativas laborales para ésta, explica que
no se está haciendo un banco de proyectos para financiarlos
o conseguirles recursos, porque lo que se necesita es trabajar
sobre alternativas que funcionen rápido y que sean
productivas a corto plazo, porque los riesgos son grandes
y los beneficios pequeños, según explicó.
Esto no es óbice para generar estrategias de mediano
y largo plazo en materia laboral, pero tiene claro que las
soluciones de choque tienen que montarse sobre los proyectos
ya establecidos y probados.
Trabajo y futuro
De todas formas, independientemente de la sombra que lo cubra,
el nuevo ministro de la Protección Social, Diego Palacio
Betancourt, tendrá que demostrar con su accionar que
realmente es un "camellador", como él mismo
se define, y que sus resultados serán los que quiere
el presidente de la República, cosa que no lo librará
de los debates en el Congreso, con las centrales obreras y
con los trabajadores de la salud, dispuestos a defender sus
derechos y su propia visión de cómo alcanzar
las metas macroeconómicas.
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