MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 55   ABRIL DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

INFORME PARA EL SECTOR SALUD

El sector productivo
y el sistema de salud

Francisco de Paula Gómez Director Ejecutivo de la Cámara Sectorial de Salud ANDI depaula@andi.com.co
Con la fusión de los Ministerios de Salud y de Trabajo en uno solo, el Ministerio de Protección Social, toma fuerza en nuestro país una tendencia mundial que se viene poniendo en práctica desde hace unos diez años, cual es la integración dinámica de las necesidades sociales, laborales y de salud bajo un solo concepto, de manera que estos tres aspectos se vuelven una unidad interdependiente y factor clave para el desarrollo.

Se debe aclarar que el Sistema General de Seguridad Social en Salud tiene componentes distintos, como pensiones, riesgos profesionales, salud, compensación familiar, planes complementarios varios, atención a la familia, el niño, el desvalido y el anciano.
Cuando se habla de las fuentes de financiación de este sistema, pocas veces nos detenemos a analizar cuidadosamente cuál es su origen. Para ejemplarizar un poco lo dicho, cualquier tecnócrata desprevenido podría indicarnos de memoria, que los recursos para el régimen contributivo provienen de las cotizaciones y que los del régimen subsidiado del punto de solidaridad y de recursos provenientes del Sistema General de Participaciones, etc. Pero cuando se mira la fuente primaria de casi todos los recursos que nutren el Sistema General de Seguridad Social en Salud en su conjunto, queda claro que esa fuente no es otra que el sector productivo del país.
El sector productivo de un país como Colombia es amplio, con diferentes facetas y características: grande, mediana y pequeña industria, sector de servicios -telecomunicaciones, banca, transporte, turismo, salud, educación, etc-. Y a su vez, todo este conglomerado productivo es el que sostiene con sus recursos al Sistema General de Seguridad Social. Lo hace de manera variada, ya sea porque una parte la colocan sus trabajadores y la otra los empleadores, o porque lo hacen por medio de impuestos, de aportes parafiscales o aún de fondos privados destinados a suplir algunas necesidades no cubiertas de seguridad social. En unos casos los dineros que van al Sistema de Seguridad Social en Salud lo hacen directamente por medio de cotizaciones para pensiones, riesgos profesionales o régimen contributivo de salud; en otros casos, lo hacen por medio de aportes parafiscales para el ICBF, Sena o compensación familiar y otras veces los recursos ingresan al sistema indirectamente por medio del Sistema General de Participaciones y todo tipo de impuestos, como lo es para cubrir el régimen subsidiado o la atención de vinculados.
Las erogaciones que se causan por efectos de seguridad social son importantes y tienen un efecto directo importante sobre los costos de producción - para cualquier subsector de la economía-, pero igualmente tienen un efecto indirecto, que rara vez es tenido en cuenta, por vía de las ineficiencias o incapacidades de las instituciones encargadas de atender estos servicios, que terminan afectando profundamente la productividad, la competitividad y la eficiencia de todo el aparato productivo colombiano, en particular, la ineficiente o inadecuada atención relacionada con servicios de salud.
Para mostrar un poco la magnitud de los importantes aportes que hace el sector productivo, basta con sumar las proporciones de estos y hacer una simple regla de tres en relación al valor total de la nómina de cualquier empresa (Ver tabla anexa).

Gastos relacionados Seguridad Social según porcentaje
o de la nómina de una empresa promedio en Colombia
Queda claro que al mirar estas cifras, debe ser cada vez más relevante la acción de las empresas -cualquiera sea su campo de acción- para lograr un mejor y más eficiente uso de los dineros que salen del aparato productivo, en especial en lo que tiene que ver con salud. Hasta hoy la responsabilidad de exigir buen servicio, calidad y responsabilidad ha venido quedando en manos de los usuarios, quienes de manera independiente no han logrado masa crítica suficiente como para que se les respeten principios fundamentales como la libre elección, calidad, planes de beneficios adecuados, etc. Pareciera que la evidencia que nos está mostrando el sector salud, es que los usuarios necesitan apoyos y que las empresas del país debieran tener la capacidad para mediar por su empleado, ya sea ante el prestador de servicios de salud o ante el asegurador.
Los modelos ineficientes de gestión en la atención de salud generan traumatismos y sobrecostos a las empresas, además del efecto directo sobre el trabajador que se perjudica con el mal servicio de salud.
En el país han hecho carrera las llamadas “listas de espera”, que no son más que largos listados de personas que a pesar de tener ya plenamente definido un diagnóstico y definido un procedimiento quirúrgico, éste les es diferido el mayor tiempo posible, ya sea por la incapacidad de pagarlo, por ineficiencia o porque se construyen “colectivos” de pacientes para negociar con los hospitales un mejor precio por paquetes de procedimientos.
Algunas redes de servicio son deficientes y no pueden soportar de manera adecuada los servicios que ofrecen al empleado que se afilia. Muchas aseguradoras adicionalmente, contratan la prestación de servicios de salud con Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS) que les ofrezcan el mejor precio, lo cual necesariamente no guarda relación con la calidad de sus profesionales médicos, con las instalaciones, con la tecnología o con sus procesos médico-administrativos.
Las filas se han venido convirtiendo en una cultura organizacional en algunos casos: para pedir una cita de consulta con el médico general, para asistir al médico especialista, para recibir la aprobación de unos exámenes de laboratorio, para la aprobación de un procedimiento, para la entrega de medicamentos, etc. El trabajador debe someterse a interminables filas que demandan gran cantidad de tiempo. ¿Cuánto le cuesta a una empresa que sus trabajadores estén perdiendo el tiempo fuera de su trabajo para lograr una autorización para una atención médica? Y ¿Luego para que los atiendan? ¿Para que les despachen un medicamento? ¿Para que les realicen un procedimiento?
La atención inoportuna de la mayoría de los eventos médicos, usualmente conlleva al empeoramiento o a complicaciones de la enfermedad que en un principio pudo ser de fácil manejo. Debido a que los procesos de salud enfermedad son dinámicos en el tiempo, lo simple tiende a lo complejo, y así lo que se paga por atenciones tardías por supuesto será mas costoso.
La no atención de servicios básicos para el empleado puede generarle contratiempos que bien pudieron ser evitados con programas serios de Promoción de la Salud y de Prevención de la Enfermedad. Los programas de Promoción y Prevención estimulan hábitos de vida saludable, informan, enseñan o ejecutan acciones de prevención para enfermedades específicas. Este es el punto más débil en todas las evaluaciones que se han hecho a las EPS, a pesar del esfuerzo de algunas de ellas por llevarlos a la práctica.
Finalmente, lo que se viene configurando es la necesidad de evaluaciones objetivas de la calidad de los aseguradores y sus redes de prestadores de servicios de salud, aspecto que infortunadamente es flaco en las normas de habilitación vigentes. Para el caso, solo los mejores aseguradores -que los hay y buenos- serán quienes reciban el favor de afiliados bien informados.
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