MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 55   ABRIL DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

A partir de toda la literatura crítica que se ha hecho sobre la profesión odontológica, bien vale la pena mirar hacia adentro aunque sea por un instante, de manera autocrítica si se quiere, para reconocer algunos sesgos que pueden estar pasándose por alto debido a la misma dureza de la situación actual del gremio.
Revisando las últimas décadas se encuentra que, contadas excepciones, el sentido analítico de nuestros líderes estudiantiles, sindicales y académicos no se había desarrollado mucho. Tal vez era la inmadurez de una profesión reciente, tal vez era la prosperidad que encandilaba nuestros colegas, puede decirse lo que sea menos que fue culpa de la época: los años 60s y 70s suelen ser recordados con nostalgia por los librepensadores de otras colectividades más dadas a la actividad política e intelectual.
Ese no es el caso de la profesión odontológica. Quizás encerrada en los restringidos avatares de su práctica liberal, los odontólogos sólo empezaron a preocuparse por su entorno con el devenir del nuevo modelo político-económico, que se reflejó en la promulgación de normas como la Ley 100 de 1993 sobre Seguridad Social y la Ley 30 para la Educación.
Para la doctora Ángela María Franco, Directora de la División de Investigaciones de la Asociación Colombiana de Facultades de Odontología (ACFO), “esta situación fue desventajosa para el gremio no sólo por los cambios que generó la ley sino también por la poca preparación que tenía el odontólogo para asumir estos cambios. Esta crisis, aunque a simple vista no suene muy atractivo, podría ser aprovechada para redireccionar muchas cosas que hace rato perdieron su norte: la organización gremial, los currículos de las facultades, la inserción del odontólogo en las discusiones sobre la necesidad de una nueva política de salud pública para el país, entre otras”.
El papel del odontólogo frente a la comunidad
Según la doctora Camen Cardozo, Ex- decana y Profesora Asociada de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, “existe un gran desconocimiento del contexto socio-histórico en el cual se ha movilizado la odontología nacional e internacional, los fuertes movimientos de salud publica de la década de los 80 murieron sin que exista claridad del por qué” y agrega que “en términos generales (la postura del odontólogo frente a la comunidad) forma parte de una sociedad anómica, inamovible, inmersa en una serie de conflictos sociales y políticos dentro de los cuales el interés fundamental es sobrevivir”
De hecho, en ocasiones parecería que el gremio odontológico parece tan preocupado por su propia problemática que pone los intereses de la comunidad como mampara, confundiendo sus propios intereses con el interés del colectivo.
Papel del odontólogo frente al Estado: el POS
Una queja recurrente del gremio es el limitado componente de odontología en el Plan Obligatorio de Salud (POS), pero a su vez el Estado manifiesta su descontento por lo costosa que resulta la participación de la salud oral en este Plan. Para el doctor Sandro Enrique Romero Romero, docente en Administración de la Facultad de Odontología de la Fundación Universitaria San Martín en Bogotá, “lo que se haga acerca de lo que el POS incluye o no siempre debería hacerse desde dos perspectivas: la de los pacientes o usuarios y la de los profesionales. En cuanto a los usuarios, lo que está en el POS sería satisfactorio, pues con la cotización que ellos hacen obtienen el aseguramiento de un gran número de actividades que normalmente son costosas si comparamos con la práctica privada, pero incompleto ya que quedan excluidas especialidades como la periodoncia, la rehabilitación y la ortodoncia. Desde el punto de vista profesional, teniendo en cuenta factores como costos y gastos, contrataciones, estandarizaciones, es más que suficiente lo incluido en el POS, ya que la oferta de empleo para el profesional del área es insuficiente, y siempre deberá pensar en la opción, que cada vez se ve más reducida, de una consulta privada”.
De parte del gremio odontológico la mirada del problema no siempre ha sido tan concertadora. Tal vez el hecho de que los odontólogos mantienen unas expectativas relativamente altas ha hecho que su posición sea poco tolerante en lo que se relaciona con limitaciones o trabas para la venta de los servicios. Esto es más evidente si se compara la preocupación de algunos (que dependen de las EPS) por las limitaciones del POS, con la euforia de otros (que viven de la práctica privada) cuando se rumora que se eliminaría definitivamente el POS de odontología, pensando sin duda que esa es la medida que se requiere para revivir la añorada práctica liberal.
Esto, claro, sin desconocer que, como lo anota el doctor Carlos Fernando Ortiz Vicedecano Académico de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá: “El buen camino no puede ser diferente al ejercicio responsable y autónomo de la profesión, basado en el respeto por el profesional y sus pacientes, respeto que se soporta en el reconocimiento económico y social que permita una vida digna para él y su entorno, acorde con los sacrificios y satisfacciones que dan muchos años de estudio para garantizar la salud de quien lo requiera”.
Por otra parte, vale la pena tener en cuenta lo que la odontología aporta a la salud general de los individuos, asunto no siempre entendido por los agentes de la salud pública, o por los demás profesionales de la salud, incluso a veces ni por los mismos odontólogos. Al respecto, la doctora Elvia Cadavid Moreno, Presidente de GISOA (Grupo Interinstitucional de la Sociedad Odontológica de Antioquia), opina que “el aporte [de la salud oral a la salud general] se manifiesta en buena calidad de vida, disminución de los factores de riesgo frente a otras patologías y en la seguridad y sociabilización del individuo”.
Papel del odontólogo frente al gremio
Dentro de los contextos mencionados, para la Doctora Cadavid resulta claro que “en la profesión no se ha logrado tener coherencia gremial a pesar de la existencia de varias asociaciones, con intereses muy particulares; además, el odontólogo en general no tiene formación ni intereses asociativos, lo que se manifiesta en el poco impacto hacia el exterior”. Y la doctora Cardozo la secunda cuando dice que “mientras persista el actual concepto reduccionista asistencialista en la mayoría de los grupos de atención en salud oral, mientras no seamos capaces de pensar en políticas en el ámbito nacional que favorezcan el crecimiento tanto en cobertura como en calidad de los servicios acompañados de la mano de los avances investigativos, muy difícilmente podrá haber conformación de gremios con intereses sólidos”.

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