MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 55   ABRIL DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 

No hay enfermedades sino enfermos”. Esta afirmación que se escucha con alguna frecuencia, muy pocas veces se analiza y por tanto raramente se piensa en lo que quiere decir y en lo que entraña.
En realidad las enfermedades no existen, por lo menos no independientes del ser vivo. No existen las hepatitis ni los infartos ni las diabetes solas, por sí mismas, sin un sujeto padeciente. Existen, sí, los microorganismos patógenos, existen las sustancias tóxicas, también las alteraciones genéticas, los agentes cortantes y los contundentes; en general todos ellos pueden producir lesiones y alteraciones en los tejidos, en los órganos vivos y en sus funciones. Sin embargo, esto no siempre sucede de manera tan simple, es decir, no todas las personas que están expuestas a una noxa sufren el daño, y por tanto no todas sufren la enfermedad. Existen unos factores individuales, muy particulares y en muchísimos casos no bien dilucidados, que se sabe que sí actúan, los cuales favorecen la aparición y el desarrollo de la enfermedad. Adicionalmente están los factores del medio ambiente, que por supuesto tienen una importante participación como componentes de la multicausalidad de la enfermedad..

De otro lado, los acontecimientos van tipificando las épocas. La actual, con su obsesión por atribuirle al comercio el inmenso poder redentor de los conflictos humanos y sociales, conlleva un sinnúmero de cambios en los cómos y en los porqués de la vida del hombre; en la apreciación de los problemas; en el sentido social que deben tener las obras y las soluciones; en los valores tradicionales como elementos de convivencia; en los enfoques de las metas e incluso en ellas mismas; en la estandarización; en la producción en serie y de altos volúmenes; y en proponer y esperar resultados matemáticamente idénticos en el manejo de lo social y de lo humano.
A la vez, el poder implacable que tienen los mercados, genera exiguos márgenes de rentabilidad para el pequeño productor, colectiviza el pensamiento individual condicionando el criterio por medio de herramientas de mercadeo, crea y desata conflictos entre la libertad y la igualdad, y hace sentir en la gente gran incertidumbre por su futuro laboral, económico y familiar.
Adicionalmente, la apreciación y el uso que el mercado hace del hombre como bien económico, de las acciones humanas como procesos de ese bien, y el sentido de reducir toda relación humana a un esquema de compraventa, produce en la gente desapego a los valores y hasta antipatía por ellos.
La medicina, aunque parezca un concepto obsoleto, tiene su partida y su destino en el ser humano. Es por esto que los actos médicos, en su más fina esencia, son del hombre para el hombre. Es el mismo hombre quién crea su propio mecanismo para manejar las situaciones de enfermedad, de dolor y de desconsuelo, y de ahí se deriva que el médico se deba a la gente. Pedirle al médico que realice acciones en contra de sus pacientes u omita las que son a favor de ellos, o que proceda de manera diferente a su leal saber y entender, es lastimar a la propia sociedad en algo que ha brotado de sus mismos y más íntimos sentimientos.
Ahora bien: la conducta que se desliza desde los propósitos que constituyen la globalización de la economía y el cambio que se genera en los conceptos y criterios que infunde la política neoliberal, han invadido todos los ambientes de la atmósfera general donde transcurre lo humano. Ni la medicina en sí misma, ni el ejercicio médico como tal han salido ilesos. En la medicina hicieron camino la investigación con propósitos comerciales; el desarrollo de técnicas como necesidad de la eficiencia y no de la eficacia; el retiro de la producción de sustancias químicas efectivas y asequibles pero que ya habían cumplido el tiempo de propiedad exclusiva y patente, y su inmediato reemplazo por nuevas sustancias, con protección legal mundial de exclusividad remozada. Y en el ejercicio médico como tal, se cruzó la barrera de la ortodoxia con los protocolos, las coberturas restringidas, los listados excluyentes de medicamentos, los rendimientos en el número de pacientes a atender por hora, las restricciones en la solicitud de exámenes necesarios para un diagnóstico, y por fin, para rematar, se desea orientar al médico, en su criterio y en su enfoque de los problemas humanos, desde los primerísimos tiempos de su formación, con la “medicina basada en la evidencia”, preámbulo certero para la aparición en breve y sin mayores dificultades de lo que podría llamarse la medicina basada en la ecuación.
La idea de la medicina basada en la evidencia se ha vendido como una respuesta indispensable de aseguramiento de que el quehacer médico es correcto y efectivo. Sólo que no se advierte que a lo sumo el 20% del conocimiento médico tiene tal respaldo y que impulsando este sistema se le hace, inocentemente, la venia de asentimiento desde las escuelas de medicina, los foros y las cátedras del sector, a un componente que desarticula el criterio médico de la atención del enfermo y de sus necesidades. Con ello se lastima severamente la relación médico-paciente y se lesionan los cimientos de una profesión que se apuntala en el sentimiento, tal como quedó de forma magnífica expresada por el cirujano Ambroise Paré, al afirmar que la medicina pretende “curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre”.
El ejercicio médico corre el riesgo no solo de ser crucificado dentro del concepto de la medicina basada en la ecuación, donde la igualdad no se exprese en unidades de beneficio a la persona enferma, sino que se exprese en unidades de beneficio económico, tangibles, cuantificables, es decir, en dinero.
Y así, con la medicina entregada al capital, terminará la vida de la que conocimos, esa medicina que según el maestro, el profesor, médico Jaime Borrero Ramírez, es ciencia, es arte y es virtud. Esa misma que nos hacía sentir orgullo y que arrancaba vivas de todo el mundo por un adelanto meritorio o por un logro insospechado. La que propiciaba y alentaba la vocación de servicio y también los más excelsos sentimientos de fraternidad y solidaridad. Con esa medicina termina esta historia; la de algo que fue brillante y de respeto, de admiración, de dignidad y de orgullo.
En esa cuantificación abyecta de lo médico, la ecuación debe quedar perfectamente equilibrada y por tanto en ninguno de los lados de la igualdad cabrá ni el consolar siempre, ni el arte ni la virtud. En ella no se necesitan, aún más, estorban.
Tampoco cabe, pero será de mera justicia con la medicina, rezar un requiéscat in pace para una profesión que alivió tanto dolor, acompañó tantas horas y mitigó tanta angustia; por la misma profesión que dio satisfacciones y logros, conocimiento y progreso. Imagino que su epitafio dirá algo así:

Yace aquí la medicina.
La que el hombre ejerció de corazón.
Manda ya la de la ecuación.
La que el negocio doblegó a su razón.

Otros artículos...
Sin novedad en el frente de la Protección Social Diego Palacio Betancourt, un ministro bajo la sombra de su antecesor
Polémica en las IPS acerca del Decreto 2309 de Minsalud, Calidad SÍ, pero...
Para enfrentar problemas tarifarios en contratación Se prepara nuevo Manual de Costos para prestadores de servicios de salud
El sector productivo y el sistema de salud
La medicina basada en la ecuación
Las nuevas reglas de juego para el régimen subsidiado
Para autoevaluar el ejercicio en Odontología
Dentro del Estado Comunitario de Uribe Vélez La salud: un asunto de economía en el Plan Nacional de Desarrollo
Clínica Santa Ana, 60 años de compromiso social
En el mes de la mujer. Medellín destacó la labor de una médica ginecóloga
Implicaciones del Referendo en el sector salud
 
 



Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved