MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 89    FEBRERO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

Disfunción eréctil y racionamiento:
¿quién quedará por fuera?
Ramón Abel Castaño, MD-MS Facultad de Economía, Universidad del Rosario elpulso@elhospital.org.co
El artículo del doctor Conrado Gómez en la edición de enero pasado (El Pulso No. 88), pone sobre la mesa un tema que ha generado un gran interés en la opinión pública, como es el de la inclusión de medicamentos para la disfunción eréctil en el Plan Obligatorio de Salud -POS-. Dentro de los muchos aspectos que podría comentar sobre el artículo, quiero centrarme en uno especialmente importante: el tema del racionamiento explícito.
¿Racionamiento explícito o implícito?
A pesar de lo atractivo del tema de disfunción eréctil en términos de opinión pública, es preciso señalar que los criterios de alta incidencia del problema, su impacto sobre la calidad de vida, y el bajo costo del medicamento genérico (suponiendo que sea de la misma calidad que el original), no son suficientes, como lo señala el autor, para justificar su inclusión en el POS. En términos generales, cualquier enfermedad que tenga los mismos criterios, justificaría la inclusión en el POS de los medicamentos que la tratan. Y aún sin que se cumplan esos tres criterios, se podría argumentar a favor de cualquier otra enfermedad para incluir nuevas herramientas terapéuticas en el POS.
Por ejemplo, un paciente con Síndrome de Gaucher, de muy baja incidencia (no cumple el criterio de alta frecuencia), con un medicamento de muy alto costo (no cumple el criterio de medicamento barato), pero de muy alto impacto sobre la calidad de vida (cumple el criterio de impacto), también podría argumentar, en su beneficio, que el medicamento se debe incluir en el POS.
Sobra decir entonces que siempre habrá razones de peso para defender la inclusión de nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas que no se encuentran en el plan de beneficios. Por eso el problema se debe abordar más bien desde otra perspectiva, y es la de la priorización en la utilización de los recursos escasos. Es claro para quienes son responsables de la función social de satisfacer el derecho a la salud de las personas, que los recursos disponibles nunca serán suficientes para garantizar plenamente y a todas las personas este derecho. Esto implica que las necesidades de alguien siempre quedarán por fuera, aún siendo muy importantes para el individuo o para la sociedad. Si este proceso de priorización no se hace de manera explícita, de todos modos se seguirá haciendo de manera oculta. El hecho de que quienes queden por fuera no sean visibles en los medios de comunicación, no quiere decir que no haya racionamiento, sino que simplemente no se ve. Y esta forma de racionamiento implícito, o por la vía de hecho, es la forma más injusta y menos transparente de distribuir recursos escasos.
Más aún, dentro de la restricción presupuestal que representa la UPC en el sistema de salud, es evidente que incluir más y más medicamentos, procedimientos, terapias o ayudas diagnósticas, sin incrementar proporcionalmente la UPC, lo único que genera es una mayor presión hacia el menor gasto en otros rubros, lo cual termina dejando por fuera otras víctimas anónimas del racionamiento. Y la solución no sería simplemente subir la UPC, pues es también obvio que, además de que la necesidad de racionar no desaparecería, estos recursos salen de la economía, lo cual impactaría otros sectores. El más directamente afectado sería el empleo, pues es de allí de donde salen los recursos más importantes, al menos para el régimen contributivo y parte del régimen subsidiado. Como se dice repetidamente en economía…: “no hay almuerzo gratis”.
Estudios y/o deliberación
Coincido con el doctor Gómez en que el tema de la inclusión de medicamentos para la disfunción eréctil en el POS no debe sobre-simplificarse como un problema irrelevante frente a otros “más importantes”. Por eso, debe tomarse la coyuntura de opinión generada por el proyecto de ley, para crear conciencia en la sociedad sobre la realidad ineludible del racionamiento; si se hacen los estudios que propone el autor, y se demuestra que resulta altamente costo-efectivo, la sociedad estaría más segura sobre su inclusión en el POS. Pero también deberían hacerse entonces esos mismos estudios sobre los otros problemas “más importantes”, a ver si realmente son tan importantes y ameritan su inclusión prioritaria en el POS, a expensas de la exclusión de los medicamentos para la disfunción eréctil.
Ahora bien: estos estudios técnicos adolecen de importantes debilidades metodológicas y están rodeados de profundos cuestionamientos éticos sobre los supuestos que los soportan. Por eso estos indicadores no son universalmente aceptados y más bien son utilizados como orientadores en el proceso de racionamiento. El hecho de que la Organización Mundial de la Salud utilice los DALYS o años ajustados por discapacidad como indicador para la conformación de paquetes básicos, obedece más a su función orientadora, sirviendo así a los países más pobres como elemento decisorio crucial para asignar recursos en salud. Pero Colombia es un país de ingreso medio, cuyo nivel de gasto en salud, aunque aún es bajo, no es tan bajo como el de los países subsaharianos. Esto nos permite tener planes de beneficios más amplios y las decisiones de racionamiento no se dan en condiciones tan precarias como en África. Además, tenemos mayores posibilidades de llevar a cabo un proceso democrático y participativo, en el que las personas afectadas por las decisiones de racionamiento participen de ellas y tengan derecho a exigir rendición de cuentas por parte de quienes toman dichas decisiones.
Priorización en uso de recursos
El planteamiento del doctor Gómez debe servir para que empecemos a pensar en serio en cómo enfrentar el problema de la priorización en la utilización de recursos para la salud, y superar así el argumento obvio de que hay que incluir X o Y ítem en el POS, porque responde a un problema muy importante de salud. Es hora de empezar a pensar en términos de costo de oportunidad, es decir, en presencia de recursos limitados y alternativas de gasto que superan dichos recursos, qué tenemos que dejar de hacer cuando decidimos incluir una nueva alternativa de gasto.
Seguramente muchos estarán pensando que si se acabara la corrupción y la ineficiencia no habría necesidad de pensar en este problema del racionamiento. Para quienes así piensan, vale la pena recordar la experiencia de los países escandinavos, con los niveles más bajos de corrupción en el mundo, pero con una conciencia clara sobre la imposibilidad de satisfacer todas las necesidades de atención médica de sus poblaciones. El reconocimiento de esta imposibilidad los llevó a finales de los ochenta y principios de los noventa, a crear mecanismos de racionamiento explícito renunciando de paso a la posición demagógica de “salud para todos ya, cueste lo que cueste”. Dicho sea de paso: estos países no utilizaron indicadores como los QALYS para llegar a consensos sobre racionamiento.
Más que un cálculo sofisticado que pretende darle objetividad a algo que no lo tiene, es preferible que ocurra un proceso democrático, deliberativo y participativo, en el que se enfrente la realidad ineludible del racionamiento, para hacerlo explícito, justo y transparente.
Otros pensarán que el problema del costo de oportunidad se amortiguaría reduciéndole las utilidades a las Empresas Administradoras de Planes de Beneficios (EAPB), los salarios de los gerentes o los gastos en auditoría, en vez de dejar personas por fuera como víctimas anónimas o explícitas del racionamiento. Aunque hay una corriente de opinión que considera estos costos como injustificados, es claro que la administración de un plan de beneficios para lograr una mayor eficiencia en la utilización de recursos, es un costo importante de nuestro modelo de seguridad social, y los sueldos de los ejecutivos no son más que un reflejo de los precios de mercado de esta mano de obra calificada que también las EAPB necesitan para garantizar su supervivencia y crecimiento en el mercado. Lo que hay que buscar es que aquellos que están extrayendo rentas sin agregar valor a la sociedad en términos de generar más salud con los recursos disponibles, salgan de éste o transfieran las rentas a la cadena en forma de mejor calidad y mayor eficiencia.
Riesgo moral y demanda potencial
Un último punto que debe tenerse en cuenta en cuanto al impacto de incluir medicamentos para la disfunción eréctil sobre la restricción presupuestal, es la forma en que se estima la demanda potencial de estos medicamentos y cómo el problema del riesgo moral distorsiona esa demanda potencial. Si se asume que su inclusión va a ser sólo para pacientes con disfunción severa, y que las EAPB y los médicos, tomando decisiones racionales sólo lo utilizarán para estos casos, podría decirse que el impacto financiero es pequeño. Pero el problema es que los criterios de inclusión no son observables ni verificables y terminaría siendo demandado por un grupo mucho mayor que el que inicialmente se estima, simplemente porque su precio se reduce a cero y se dispara el problema del riesgo moral. Adicionalmente, al estar incluido ya en el POS, sería mucho más difícil contener la demanda de estos productos cuando el médico o la EAPB consideran que no son necesarios, pues la acción de tutela se dispararía para exigir un derecho que está reconocido por el sistema.
El problema es que los criterios de inclusión no son claros, como en el caso, por ejemplo de la diabetes; si se aprueba un medicamento nuevo para la diabetes, es perfectamente predecible que su demanda no superará la del número de pacientes diabéticos que ya se conocen. En cambio en el caso de la disfunción eréctil, aunque se establezca inicialmente que sólo sea para pacientes hipertensos y diabéticos que tengan disfunción severa, terminará abriendo la puerta para que cualquier persona que considere que se beneficiará del medicamento, lo demande. Esto es especialmente importante en nuestro plan de beneficios, pues está definido en términos de actividades, intervenciones, procedimientos y medicamentos, y no en términos de diagnósticos ni de pares diagnóstico-tratamiento. Esta última forma permitiría protocolizar de cierta manera la demanda de un medicamento, pero en nuestro medio no existe.
En resumen, el argumento de la importancia de un problema de salud, es necesario pero no es suficiente para incluir un ítem nuevo en el POS. Además, si se supera la prueba del costo de oportunidad, no hay duda de que un ítem nuevo se debe incluir en el POS; pero este cálculo es mucho más complejo y debe incluir los potenciales efectos sobre la demanda que tendrá la reducción del precio a cero para el bolsillo del usuario. Y mucho más que un cálculo sofisticado que pretende darle objetividad a algo que no lo tiene, es preferible que ocurra un proceso democrático, deliberativo y participativo, en el que se enfrente la realidad ineludible del racionamiento, para hacerlo explícito, justo y transparente.
 
Otros artículos...
Sobre el Habeas Data y la salud
En el Hospital Universitario San Vicente de Paúl - Diagnóstico y tratamiento
adecuado de la epilepsia
Certifican calidad de la Asistencia integral al neonato
Unidad de Pago por Capitación para 2006 aumentó 5.8%
Los niños en medio de la violenciaintrafamiliar
Disfunción eréctil y racionamiento: ¿quién quedará por fuera?
Proyecto de ley 052 - No corrige problemas de la Ley 100: los profundiza y aumenta la incertidumbre
Nuevo Sisbén en 1.098 municipios - Sólo un municipio del país no aplicó la encuesta: Puerto Nariño
Año 2005 en salud: entre subsidios parciales, TLC, ajuste a Ley 100 y al sistema
Aumento en cuotas moderadoras y copagos para 2006
Créditos del IDEA para el sector salud en 2005
Llega Ley 1010/06 contra acoso laboral
Los logros y las metas del Seguro Social
Embarazo en la adolescencia: parir hijos para reproducir la miseria
 
 

 



Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved