MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 37    OCTUBRE DEL AÑO 2001    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Grupos de investigación
En la estrechez de una pipeta
A raíz de las polémicas declaraciones del científico Manuel Elkin Patarroyo por el presunto deseo de algunos funcionarios del Gobierno de sabotear su labor investigativa, y de la enfática respuesta por parte de la Ministra de Salud, Sara Ordóñez, el tema de la situación financiera de los grupos de investigación continúa vigente. Paula López Periodista, Medellín
No hay dinero. Así lo expresan en todos y cada uno de los diferentes niveles jerárquicos de los organismos oficiales con el argumento del 'déficit fiscal'. Lo que no está claro es si en Colombia existe o no una postura que defienda la generación de ventajas competitivas y de conseguir el avance de una sociedad utilizando el conocimiento como herramienta de desarrollo.
No puede negarse que hay entidades que se esfuerzan por la ciencia, pero las quejas generalizadas de los diferentes científicos que coordinan proyectos de investigación, ponen sobre el tapete la falta de un espacio político que vele por los intereses del sector y apoye la investigación en ciencia y tecnología.
Foto archivo
No hay recursos
Luz Elena Velásquez, bióloga malacóloga, coordinadora de la línea de investigación de Moluscos de Importancia Médica, del Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales, PECET, en Medellín, afirma que: "es cierto que se cuenta con algunos elementos y algunos recursos con los que se puede trabajar austeramente pero no tenemos dinero para pagar el personal que labora en los grupos de investigación", comenta, y añade que las universidades potencializan la capacitación de jóvenes investigadores, pero ante la imposibilidad de vinculación laboral, se van, dejando los proyectos a media marcha o suspendidos definitivamente.
Señala también que pensar en soluciones es difícil puesto que vivimos en un país donde priman otros intereses. "Es ambicioso pretender por ejemplo que parte del dinero que se destina al desorden público, se empiece a invertir en los proyectos que se mantienen guardados. Es difícil por nuestra cultura y por nuestra mentalidad tercermundista, porque no creemos en nuestras capacidades... En los congresos internacionales es asombroso y gratificante ver cómo nuestros trabajos superan muchos de los que se realizan en países que son potencias mundiales, pero seguimos sin creer que lo que hacemos aquí vale la pena", sustenta la bióloga.
El profesor Luis Quiroga Puello, coordinador del Grupo de Física Teórica de Materia Condensada de la Universidad de Los Andes, sostiene que en los últimos años es evidente una degradación en el apoyo que se recibe, y el poco que hay carece de continuidad. "Últimamente el monto del apoyo ha sido irrisorio, pero se acepta porque por poco que sea nos hace falta. Cuando obtenemos resultados se celebran con bombos, pero en los períodos oscuros hay muy poca solidaridad", se queja Quiroga.
Agrega además que es necesario que haya más representación del gremio científico en los grupos que toman las decisiones, pues quienes los integran actualmente tienen muy afectada la investigación en ciencia y tecnología.
Un asunto cultural
Francisco Miranda, director Administrativo del Centro Internacional de Entrenamiento en Investigaciones Médicas, CIEIM, que trabaja en la investigación de enfermedades infecciosas, en Cali, asevera que el sector de la investigación ha propuesto opciones para conseguir recursos compitiendo internacionalmente con proyectos cuyos resultados, de obtenerse, tendrían grandes oportunidades de mercado. Pero la oportunidad es muy pequeña porque no hay cómo apalancar esa iniciativa, "si al sector no le dan recursos suficientes, ¿cómo se le puede pedir que compita con instituciones de otros países que están lejos en políticas de apoyo y compromiso?", pregunta Miranda.

Un agravante a la crisis de los grupos de investigación es que no existe demanda de conocimiento por parte de los grupos dirigentes y empresariales.

Para ilustrar, un ejemplo: en 1993 la Universidad de Michigan invirtió US$450 millones en proyectos de investigación, mientras que tres años más tarde toda la nación colombiana invirtió sólo US$250 millones. "Hay un gran desfase entre lo que se quiere lograr, para qué se quiere y cuánto se está dispuesto a invertir. Es muy claro que aquí no se ve al conocimiento como estrategia de desarrollo económico y social", puntualiza el director del CIEIM.
Por su parte, Margarita Garrido de Payán, directora de Colciencias, el organismo a través del cual se canalizan los recursos oficiales para la financiación de proyectos de investigación en ciencia y tecnología, es clara al afirmar que no se trata de una falta de interés político. A su modo de ver, hay una tarea por realizar que es contundente: crear una cultura, una mentalidad que considere al conocimiento como el medio más efectivo para satisfacer las necesidades del país y de sus habitantes.
No es desidia
Con respecto a estas inconformidades, el viceministro de Salud, David Bersh, expresa que evidentemente hay quienes consideran que es de gran valor la labor investigativa y hay quienes no, pero que dentro de las limitaciones que tiene la economía colombiana, debe reconocerse el esfuerzo efectuado por el Ministerio de Salud en los años anteriores. Expresa también que sin bien los recursos destinados a financiar proyectos de investigación han disminuido apreciablemente en los últimos años, no ha sido por un descuido progresivo, sino por los cambios en la renta nacional.
"Bersh advierte que “el problema de la falta de recursos para costear la investigación no está en lograr un espacio político, sino en mirar cuáles son las prioridades dentro de las necesidades humanas que deben atenderse de forma justa. "Ojalá tuviéramos por ejemplo una vacuna contra el Sida. Con lo que cuesta el tratamiento de un sólo paciente durante un año, se podrían afiliar cincuenta personas a la seguridad social durante ese mismo lapso".
Morir en el empeño
El Director Científico del Centro Colombiano de Fertilidad y Esterilidad, Elkin Lucena Quevedo, dice que el Estado nunca se ha preocupado por atender demandas y necesidades científicas.
Desde que empezó a trabajar en esta área, hace 20 años, su grupo se ha mantenido a la avanzada en el contexto latinoamericano con investigaciones y procedimientos clínicos que los han posicionado dentro de los diez grupos más exitosos del mundo. Diana Carolina es un ejemplo de ello. La niña probeta considerada el primer nacimiento in vitro exitoso en Colombia y en Latinoamérica, y el sexto en el mundo, hace 16 años.
Lucena Quevedo es enfático al afirmar que todo el financiamiento de estos proyectos y otros tantos, se ha logrado única y exclusivamente con los recursos generados por la institución.
"Un asunto tan importante como el sabernos preparados para la clonación de las células madres de los pre-embriones, que permitirá crear líneas celulares de tejidos para tratar enfermedades como el Alzhaimer, el mal de Parkinson, o la artritis reumatoidea, no tienen mayor relevancia dentro de una realidad nacional como la nuestra", comenta este médico ginecobstetra.
Pero si hay algo claro es que la comunidad científica del país no dejará de investigar por lamentarse: "el mes pasado iniciamos un convenio entre la Sociedad Colombiana de Medicina Interna para crear el grupo de interés en terapia génica y ubicar a Colombia de una forma aunque todavía tímida en el contexto de la ciencia mundial del futuro", anunció Lucena Quevedo, y admitió a su vez que para este acuerdo, y a falta del respaldo nacional, se contará con el apoyo de grupos españoles y de universidades norteamericanas.
Desde la perspectiva oficial, el futuro de la investigación en Colombia apenas puede cubrir proyectos de bajo costo cuyos resultados apunten a generar mecanismos de desarrollo económico de impacto social o que resuelvan problemas inmediatos. Pero desde la perspectiva de los científicos, el futuro de la investigación será rico mientras se conserve esa enorme resistencia a la frustración, mientras se viva la ciencia como una actitud de vida, y, en palabras del doctor Manuel Elkin Patarroyo, "mientras se tenga claro que antes de dejarse amedrentar por la falta de apoyo, están las ganas de morir en el empeño".

 

La situación del doctor Patarroyo

La respuesta del doctor Patarroyo es contundente: "¿Que por qué la malaria? porque anualmente enferma a 300 millones de personas". Simple.
Además, porque tiene claro el arduo trabajo que hay por hacer con enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la hepatitis y el Sida, que sólo en 1995 acabaron con 17 millones de vidas humanas; que en lo que va de este año han enfermado a 3.200 millones de personas; y porque de las 517 afecciones de este tipo que se conocen, sólo diez tienen vacuna. Es decir, porque sólo está hecho el 3% de la tarea en cuanto al desarrollo de vacunas en el mundo.
Para combatir esta enfermedad se han ensayado durante los últimos quince años 97 vacunas distintas en diferentes países, pero la única que ha mostrado signos de efectividad ha sido la SPF 66, realizada en los laboratorios del Instituto de Inmunología que dirige el doctor Manuel Elkin Patarroyo, en Bogotá.

El mal y la cura
Hoy, por la falta de recursos económicos, el proyecto atraviesa una época muy difícil en la que se ha visto de todo: deudas, embargos e hipotecas. Los empleados del Instituto se han instalado en algunos espacios prestados del Instituto Nacional de Salud, después de que fueran desalojados de los tres edificios que tenían en el Hospital San Juan de Dios, "el Banco Ganadero, la industria farmacéutica y hasta el Sindicato del Hospital irrumpieron en los laboratorios y se cargaron lo que pudieron", se lamenta el investigador.
De las 160 personas con las que contaba cuando los recursos fluían, hoy queda apenas un centenar, sin sueldo. "Le pedimos al Presidente Pastrana, en vista de que este año no tuvimos presupuesto, $8.000 millones con los cuales es necesario pagar salarios atrasados de 22 meses a los empleados, cesantías y prestaciones, construcción, remodelación y adquisición de equipos, y como si fuera poco, hacer la investigación", enumera el científico.
Problemas nocturnos
Piensa que sólo beneficiando a la humanidad con una sustancia que evite el dolor, la enfermedad, la muerte, se podrá desestigmatizar al país, "estamos tratando de encontrar una fórmula matemática que detecte con claridad las 'manitos' de las moléculas de la malaria y de cualquier otra enfermedad infecciosa, que se pegan a los glóbulos de la sangre y que a nuestros ojos y los ojos de nuestras defensas, son invisibles. No es una vacuna universal. Es un procedimiento". Explica.
Este es un proyecto ambicioso que ha tenido infinidad de inconvenientes: "los micos por ejemplo, en los que se realizan los estudios, por tener un sistema inmunológico muy similar al humano, viven a 30 metros de la tierra, en las copas de los árboles de pleno pulmón amazónico, nunca bajan. Hasta allá hay que subirse a cogerlos, y de noche, porque son micos nocturnos. Pero advierte que es con una tenacidad muy parecida a laque utiliza el virus de la malaria para reproducirse, con la que se ha logrado llevar el proyecto hasta el punto donde se encuentra hoy. Además la fortuna no siempre ha sido esquiva, cuenta que a Estados Unidos cada mico le cuesta alrededor de US$40 y para realizar la investigación se necesitan más o menos 20 mil. Esto quiere decir que en sólo micos los costos pueden ascender a US$800.000. “Estados Unidos tiene todos los dólares y Colombia todos los micos. Además se creó una ley que se prohíbe exportarlos", y se ríe.

Escalofrío y sudoración
Pero una dificultad grave es la conciencia que tenemos de que los colombianos no somos capaces de hacer nada. Esta es la razón por la cual el doctor Patarroyo asume este proyecto de investigación como una actitud de vida, porque a él y a sus compañeros les ha templado el talante y les ha afilado su convicción para resolver problemas.
El Instituto ha ayudado a formar a 600 alumnos de los cuales 120 están en el exterior capacitándose y publicando textos en las principales revistas científicas del mundo, pero a los ojos de este inmunólogo, este ha sido un trabajo poco reconocido y asevera que los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la creación de esta nueva cultura, en esta nueva visión de lo que debe ser la ciencia y la investigación. "De esa manera los colombianos que hemos sido una suerte de parias, podremos ser quienes salvemos al mundo, o al menos a una parte apreciable", asegura Patarroyo.
Así, simple y claro, es el doctor Manuel Elkin Patarroyo, al medio día, al terminar una charla con algunos estudiantes universitarios. Reparte autógrafos y explicaciones, y acepta que como a los enfermos de malaria, a él le da fiebre, en este caso por la falta de recursos y la ausencia de una actitud oficial más decidida para contribuir con este proyecto. Ha sentido escalofrío y sudoración pero por suerte, él ya inventó una vacuna para el pesimismo.



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