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Grupos
de investigación |
| En la estrechez de una pipeta |
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de las polémicas declaraciones del científico
Manuel Elkin Patarroyo por el presunto deseo de algunos funcionarios
del Gobierno de sabotear su labor investigativa, y de la enfática
respuesta por parte de la Ministra de Salud, Sara Ordóñez,
el tema de la situación financiera de los grupos de investigación
continúa vigente. Paula
López Periodista, Medellín |
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No hay dinero. Así
lo expresan en todos y cada uno de los diferentes niveles
jerárquicos de los organismos oficiales con el argumento
del 'déficit fiscal'. Lo que no está claro es
si en Colombia existe o no una postura que defienda la generación
de ventajas competitivas y de conseguir el avance de una sociedad
utilizando el conocimiento como herramienta de desarrollo.
No puede negarse que hay entidades que se esfuerzan por la
ciencia, pero las quejas generalizadas de los diferentes científicos
que coordinan proyectos de investigación, ponen sobre
el tapete la falta de un espacio político que vele
por los intereses del sector y apoye la investigación
en ciencia y tecnología.
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Foto
archivo
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No hay recursos
Luz Elena Velásquez, bióloga malacóloga,
coordinadora de la línea de investigación de
Moluscos de Importancia Médica, del Programa de Estudio
y Control de Enfermedades Tropicales, PECET, en Medellín,
afirma que: "es cierto que se cuenta con algunos elementos
y algunos recursos con los que se puede trabajar austeramente
pero no tenemos dinero para pagar el personal que labora en
los grupos de investigación", comenta, y añade
que las universidades potencializan la capacitación
de jóvenes investigadores, pero ante la imposibilidad
de vinculación laboral, se van, dejando los proyectos
a media marcha o suspendidos definitivamente.
Señala también que pensar en soluciones es difícil
puesto que vivimos en un país donde priman otros intereses.
"Es ambicioso pretender por ejemplo que parte del dinero
que se destina al desorden público, se empiece a invertir
en los proyectos que se mantienen guardados. Es difícil
por nuestra cultura y por nuestra mentalidad tercermundista,
porque no creemos en nuestras capacidades... En los congresos
internacionales es asombroso y gratificante ver cómo
nuestros trabajos superan muchos de los que se realizan en
países que son potencias mundiales, pero seguimos sin
creer que lo que hacemos aquí vale la pena", sustenta
la bióloga.
El profesor Luis Quiroga Puello, coordinador del Grupo de
Física Teórica de Materia Condensada de la Universidad
de Los Andes, sostiene que en los últimos años
es evidente una degradación en el apoyo que se recibe,
y el poco que hay carece de continuidad. "Últimamente
el monto del apoyo ha sido irrisorio, pero se acepta porque
por poco que sea nos hace falta. Cuando obtenemos resultados
se celebran con bombos, pero en los períodos oscuros
hay muy poca solidaridad", se queja Quiroga.
Agrega además que es necesario que haya más
representación del gremio científico en los
grupos que toman las decisiones, pues quienes los integran
actualmente tienen muy afectada la investigación en
ciencia y tecnología.
Un asunto cultural
Francisco Miranda, director Administrativo del Centro Internacional
de Entrenamiento en Investigaciones Médicas, CIEIM,
que trabaja en la investigación de enfermedades infecciosas,
en Cali, asevera que el sector de la investigación
ha propuesto opciones para conseguir recursos compitiendo
internacionalmente con proyectos cuyos resultados, de obtenerse,
tendrían grandes oportunidades de mercado. Pero la
oportunidad es muy pequeña porque no hay cómo
apalancar esa iniciativa, "si al sector no le dan recursos
suficientes, ¿cómo se le puede pedir que compita
con instituciones de otros países que están
lejos en políticas de apoyo y compromiso?", pregunta
Miranda.
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Un agravante a la crisis de los grupos
de investigación es que no existe demanda de conocimiento
por parte de los grupos dirigentes y empresariales.
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Para ilustrar, un ejemplo: en 1993 la Universidad de Michigan
invirtió US$450 millones en proyectos de investigación,
mientras que tres años más tarde toda la nación
colombiana invirtió sólo US$250 millones. "Hay
un gran desfase entre lo que se quiere lograr, para qué
se quiere y cuánto se está dispuesto a invertir.
Es muy claro que aquí no se ve al conocimiento como
estrategia de desarrollo económico y social",
puntualiza el director del CIEIM.
Por su parte, Margarita Garrido de Payán, directora
de Colciencias, el organismo a través del cual se canalizan
los recursos oficiales para la financiación de proyectos
de investigación en ciencia y tecnología, es
clara al afirmar que no se trata de una falta de interés
político. A su modo de ver, hay una tarea por realizar
que es contundente: crear una cultura, una mentalidad que
considere al conocimiento como el medio más efectivo
para satisfacer las necesidades del país y de sus habitantes.
No es desidia
Con respecto a estas inconformidades, el viceministro de Salud,
David Bersh, expresa que evidentemente hay quienes consideran
que es de gran valor la labor investigativa y hay quienes
no, pero que dentro de las limitaciones que tiene la economía
colombiana, debe reconocerse el esfuerzo efectuado por el
Ministerio de Salud en los años anteriores. Expresa
también que sin bien los recursos destinados a financiar
proyectos de investigación han disminuido apreciablemente
en los últimos años, no ha sido por un descuido
progresivo, sino por los cambios en la renta nacional.
"Bersh advierte que el problema de la falta de
recursos para costear la investigación no está
en lograr un espacio político, sino en mirar cuáles
son las prioridades dentro de las necesidades humanas que
deben atenderse de forma justa. "Ojalá tuviéramos
por ejemplo una vacuna contra el Sida. Con lo que cuesta el
tratamiento de un sólo paciente durante un año,
se podrían afiliar cincuenta personas a la seguridad
social durante ese mismo lapso".
Morir en el empeño
El Director Científico del Centro Colombiano de Fertilidad
y Esterilidad, Elkin Lucena Quevedo, dice que el Estado nunca
se ha preocupado por atender demandas y necesidades científicas.
Desde que empezó a trabajar en esta área, hace
20 años, su grupo se ha mantenido a la avanzada en
el contexto latinoamericano con investigaciones y procedimientos
clínicos que los han posicionado dentro de los diez
grupos más exitosos del mundo. Diana Carolina es un
ejemplo de ello. La niña probeta considerada el primer
nacimiento in vitro exitoso en Colombia y en Latinoamérica,
y el sexto en el mundo, hace 16 años.
Lucena Quevedo es enfático al afirmar que todo el financiamiento
de estos proyectos y otros tantos, se ha logrado única
y exclusivamente con los recursos generados por la institución.
"Un asunto tan importante como el sabernos preparados
para la clonación de las células madres de los
pre-embriones, que permitirá crear líneas celulares
de tejidos para tratar enfermedades como el Alzhaimer, el
mal de Parkinson, o la artritis reumatoidea, no tienen mayor
relevancia dentro de una realidad nacional como la nuestra",
comenta este médico ginecobstetra.
Pero si hay algo claro es que la comunidad científica
del país no dejará de investigar por lamentarse:
"el mes pasado iniciamos un convenio entre la Sociedad
Colombiana de Medicina Interna para crear el grupo de interés
en terapia génica y ubicar a Colombia de una forma
aunque todavía tímida en el contexto de la ciencia
mundial del futuro", anunció Lucena Quevedo, y
admitió a su vez que para este acuerdo, y a falta del
respaldo nacional, se contará con el apoyo de grupos
españoles y de universidades norteamericanas.
Desde la perspectiva oficial, el futuro de la investigación
en Colombia apenas puede cubrir proyectos de bajo costo cuyos
resultados apunten a generar mecanismos de desarrollo económico
de impacto social o que resuelvan problemas inmediatos. Pero
desde la perspectiva de los científicos, el futuro
de la investigación será rico mientras se conserve
esa enorme resistencia a la frustración, mientras se
viva la ciencia como una actitud de vida, y, en palabras del
doctor Manuel Elkin Patarroyo, "mientras se tenga claro
que antes de dejarse amedrentar por la falta de apoyo, están
las ganas de morir en el empeño".
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La
situación del doctor Patarroyo
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La respuesta del doctor Patarroyo es contundente:
"¿Que por qué la malaria? porque anualmente
enferma a 300 millones de personas". Simple.
Además, porque tiene claro el arduo trabajo que hay
por hacer con enfermedades infecciosas como la tuberculosis,
la hepatitis y el Sida, que sólo en 1995 acabaron con
17 millones de vidas humanas; que en lo que va de este año
han enfermado a 3.200 millones de personas; y porque de las
517 afecciones de este tipo que se conocen, sólo diez
tienen vacuna. Es decir, porque sólo está hecho
el 3% de la tarea en cuanto al desarrollo de vacunas en el
mundo.
Para combatir esta enfermedad se han ensayado durante los
últimos quince años 97 vacunas distintas en
diferentes países, pero la única que ha mostrado
signos de efectividad ha sido la SPF 66, realizada en los
laboratorios del Instituto de Inmunología que dirige
el doctor Manuel Elkin Patarroyo, en Bogotá.
El mal y la
cura
Hoy, por la falta de recursos económicos, el proyecto
atraviesa una época muy difícil en la que se
ha visto de todo: deudas, embargos e hipotecas. Los empleados
del Instituto se han instalado en algunos espacios prestados
del Instituto Nacional de Salud, después de que fueran
desalojados de los tres edificios que tenían en el
Hospital San Juan de Dios, "el Banco Ganadero, la industria
farmacéutica y hasta el Sindicato del Hospital irrumpieron
en los laboratorios y se cargaron lo que pudieron", se
lamenta el investigador.
De las 160 personas con las que contaba cuando los recursos
fluían, hoy queda apenas un centenar, sin sueldo. "Le
pedimos al Presidente Pastrana, en vista de que este año
no tuvimos presupuesto, $8.000 millones con los cuales es
necesario pagar salarios atrasados de 22 meses a los empleados,
cesantías y prestaciones, construcción, remodelación
y adquisición de equipos, y como si fuera poco, hacer
la investigación", enumera el científico.
Problemas nocturnos
Piensa que sólo beneficiando a la humanidad con una
sustancia que evite el dolor, la enfermedad, la muerte, se
podrá desestigmatizar al país, "estamos
tratando de encontrar una fórmula matemática
que detecte con claridad las 'manitos' de las moléculas
de la malaria y de cualquier otra enfermedad infecciosa, que
se pegan a los glóbulos de la sangre y que a nuestros
ojos y los ojos de nuestras defensas, son invisibles. No es
una vacuna universal. Es un procedimiento". Explica.
Este es un proyecto ambicioso que ha tenido infinidad de inconvenientes:
"los micos por ejemplo, en los que se realizan los estudios,
por tener un sistema inmunológico muy similar al humano,
viven a 30 metros de la tierra, en las copas de los árboles
de pleno pulmón amazónico, nunca bajan. Hasta
allá hay que subirse a cogerlos, y de noche, porque
son micos nocturnos. Pero advierte que es con una tenacidad
muy parecida a laque utiliza el virus de la malaria para reproducirse,
con la que se ha logrado llevar el proyecto hasta el punto
donde se encuentra hoy. Además la fortuna no siempre
ha sido esquiva, cuenta que a Estados Unidos cada mico le
cuesta alrededor de US$40 y para realizar la investigación
se necesitan más o menos 20 mil. Esto quiere decir
que en sólo micos los costos pueden ascender a US$800.000.
Estados Unidos tiene todos los dólares y Colombia
todos los micos. Además se creó una ley que
se prohíbe exportarlos", y se ríe.
Escalofrío y sudoración
Pero una dificultad grave es la conciencia que tenemos de
que los colombianos no somos capaces de hacer nada. Esta es
la razón por la cual el doctor Patarroyo asume este
proyecto de investigación como una actitud de vida,
porque a él y a sus compañeros les ha templado
el talante y les ha afilado su convicción para resolver
problemas.
El Instituto ha ayudado a formar a 600 alumnos de los cuales
120 están en el exterior capacitándose y publicando
textos en las principales revistas científicas del
mundo, pero a los ojos de este inmunólogo, este ha
sido un trabajo poco reconocido y asevera que los medios de
comunicación tienen una gran responsabilidad en la
creación de esta nueva cultura, en esta nueva visión
de lo que debe ser la ciencia y la investigación. "De
esa manera los colombianos que hemos sido una suerte de parias,
podremos ser quienes salvemos al mundo, o al menos a una parte
apreciable", asegura Patarroyo.
Así, simple y claro, es el doctor Manuel Elkin Patarroyo,
al medio día, al terminar una charla con algunos estudiantes
universitarios. Reparte autógrafos y explicaciones,
y acepta que como a los enfermos de malaria, a él le
da fiebre, en este caso por la falta de recursos y la ausencia
de una actitud oficial más decidida para contribuir
con este proyecto. Ha sentido escalofrío y sudoración
pero por suerte, él ya inventó una vacuna para
el pesimismo.
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